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viernes, 30 de agosto de 2013

Masada

Es innegable que las tragedias y los héroes nos fascinan, sin importar si son reales (digamos, históricos) o imaginarios. Son raras las veces que una historia "feliz", sin algún tipo de problemática, tragedia, separación, crimen o muerte nos atrapa. Así pues, Masada es un claro ejemplo histórico de heroicidad trágica; uno de muchos, tal vez, y probablemente no está entre los más famosos.

Yo estaba poco familiarizada con lo que sucedió ahí. Cuando la gente hablaba de Masada, sólo me venían a la mente un montón de ruinas arriba de una montaña en un desierto. Me imaginaba alguna zona fuera del alcance del hombre común, no un sitio turístico con todas las facilidades para ser recorrido. El desierto de Judea es fascinante en más de un sentido: con pocas poblaciones dispersas por aquí y por allá, todavía da la impresión de inexplorado, de sitio que guarda secretos de tiempos remotos. El Mar Muerto es plenamente visible desde casi todos los ángulos. Esta ilusión de santuario antiguo, sin embargo, se rompe cuando uno llega al "Parque Nacional de Masada", como se conoce a esa zona en concreto.

El Mar Muerto, visto desde el autobús

Desierto de Judea


El calor desaparece de golpe cuando uno entra al centro de visitantes, dando paso a la agradable y artificial brisa del aire acondicionado. El primer paso, antes de ir al área de las ruinas, es pasar a través del museo. Uno puede, por supuesto, comprar un mapa y rentar la audio-guía que irá relatando la historia según el área del museo en la que uno se encuentre. 

El museo de Masada busca, particularmente, ensalzar la emotividad de la historia contenida en los hallazgos arqueológicos. Así, la narración que se escucha en la audio-guía en cada sala va narrando capítulos cronológicos. Nos habla de la época de la dominación romana, de las revueltas, de la vida cotidiana de los judíos, y el momento en el que se decidió la suerte final de los habitantes de Masada. 




Esta es la historia: Masada (en hebreo "Metzadá" מצודה) fue una ciudad fortificada en la cima de una montaña amesetada en el desierto de Judea. Sus habitantes, rebeldes judíos a finales de la primera guerra Judeo-Romana (66-73 d. C.), decidieron llevar a cabo un suicidio colectivo cuando se dieron cuenta de que la derrota era inevitable ante el asedio de la Décima Legión romana. Cuando los romanos finalmente lograron conquistar la ciudad, se encontraron sólo con pilas de cadáveres y si acaso un par de mujeres y unos cuantos niños con vida (quienes se habían escondido en almacenes, y se supone fueron los que contaron la historia de lo que había sucedido). Más de 900 personas habían muerto. Con su suicidio, la población de Masada le había arrebatado a los romanos todos los bien conocidos trofeos que el vencedor podía llevarse en esta clase de batallas: desde violar a las mujeres, hasta esclavizar a los niños. Se dice que fue tanta la frustración de la Legión al encontrarse con una ciudad de muertos, que al final ni siquiera tuvieron ánimos de celebrar.


Otra vista del Mar Muerto, esta vez desde una construcción en Masada



Más ruinas

Las ruinas son accesibles ya sea a pie, si uno quiere subir el camino "a la antigua". También está el funicular que lo lleva a uno hasta la cima. Los edificios antiguos aún se medio-erigen, medio destrozados, medio heridos. Desde lo alto la vista es espectacular. El Mar Muerto corona, borrosamente, el rojo-dorado del desierto. El sol quema, pero la maravilla que es estar ahí lo vale.

Hay un cierto tipo de pájaros negros, como urracas, que cantan en diferentes tonos, de manera casi alegre. Son curiosos, y parecen ya no temerle ni un poco a las personas, que se acercan a distancias increíblemente cortas para fotografiarlos. Si uno se queda mucho tiempo en cierto sitio, poco a poco verá llegar más y más de estas aves a posarse cerca de uno. De pronto parecieran tener tours propios para ver a los visitantes. Pero si se deja volar la imaginación un rato, es inevitable pensar en cierta película de Alfred Hitchcock.



Guardianes alados

La historia de Masada... o mejor dicho Masada y su historia, son monumentos a la lucha heroica y a la victoria trágica. Pero, ¿quién luchó heroicamente? ¿quién venció? Vencedores y vencidos (pongan "judíos" o "romanos" del lado que mejor les parezca) al final se hundieron en el silencio. 

Hoy, de toda esta memoria, sólo quedan fragmentos de palabras rotas, y ruinas.

sábado, 24 de agosto de 2013

Puntos sobre el transporte público israelí que todo migrante debe saber

Los primeros enfrentamientos de un migrante a la vida cotidiana de un país pueden estar compuestos de varios factores, que van desde aspectos relacionados con la vivienda, los tipos de trabajo a los que puede tener acceso, las costumbres locales, el idioma, hasta el costo de los alimentos y el transporte público. En esta entrada hablaré acerca del transporte público en Israel, explicado desde mi experiencia:

En Israel básicamente se puede viajar de dos maneras: por bus (ya sea dentro de una ciudad, o de una ciudad a otra) y en tren (lo mismo, dentro de la ciudad, y hacia a otra). 

En Jerusalén, por ejemplo, el transporte interno cuesta 6.60 shekels. El boleto que te dan al momento de pagar es reutilizable por 90 minutos, lo que significa que puedes cambiar de bus, o tren, las veces que necesites durante ese rango de tiempo. La compañía de buses internos predominante dentro de Jerusalén  es Egged, y el tren ligero de Jerusalén pertenece a CityPass. En Tel Aviv la compañía más usual en buses internos es Dan; su boleto también cuesta 6.60.

El interior de un bus Dan, en Tel Aviv

Tel Aviv Savidor Central Railway Station, en la avenida Arlozorov (afuera de la estación como tal también hay una estación de autobuses, aunque esta no es la Estación Central de Autobuses de Tel Aviv, no hay que confundir ;-))

Lo más recomendable es adquirir una Rav Kav, que es una tarjeta magnética que nos facilita todo en cuestión de transporte (Hay centros autorizados que las emiten en muchos lugares, como estaciones de bus y tren, como en la Central de Autobuses de Jerusalén). Con esta tarjeta tenemos la ventaja de que el primer día de cada mes podemos comprar el Jofshí Jodshí o pase mensual, que cuesta 235 shekels, y nos da acceso libre e ilimitado a todo el transporte público de un área metropolitana determinada durante un mes. Esta es la opción más recomendable si uno tiene que viajar mucho.

Rav Kav

También existe la opción de comprar un cartisiá, que son 10 viajes. Cuesta 52.80, lo que significa que al adquirir esta modalidad, nos estamos ahorrando 13.20 shekels, lo que es igual a dos viajes gratis. Esta es una buena opción si nos queremos ahorrar algo, pero no vamos a utilizar el transporte diariamente.

Es importante considerar que el crédito que le pongan a su Rav Kav en un área sólo se puede usar en esa área. Por ejemplo, si compran crédito en Tel Aviv, ese no servirá si están en Jerusalén, y viceversa.

Los precios del viaje de ciudad a ciudad varían de acuerdo a la distancia. Por ejemplo, de Tel Aviv a Jerusalén (o a la inversa) son 18 shekels. Si se compra el boleto de ida y vuelta, cuesta 30.60. Este boleto no tiene horario fijo, y yo lo llegué a usar yendo de Tel Aviv a Jerusalén, y regresando al otro día, sin problema alguno.

Hay otras compañías como Kavim, Superbus, Metronit, Metropoline, Veolia, etc. Todas funcionan de manera similar; sólo con pequeñas diferencias. Espero que este pequeño breviario les sea de utilidad. Si se me ocurren más puntos, los agregaré más adelante.

Como apéndice, dejo aquí el link de una página muy útil para buscar rutas de buses, ya sea por línea, lugar de salida, día de salida y hora:


Actualización 2014:

Los precios subieron este año. Ahora el viaje cuesta 6.90, el cartisiá 55.20, y el Jofshí Jodshí 246 shekels.


Actualización 2016:

Los precios subieron por algunos días, pero luego de que se aprobara una reforma de ley que redujo el precio del transporte público un 14%, quedaron así:


  • Pase mensual213
  • Pase semanal (nueva modalidad): 64 
  • Pase por día (nueva modalidad): 16
  • 10 viajes47.20
  • Un viaje5.90
Cabe mencionar que ahora hay una variedad mucho más grande de paquetes. Aquí sólo menciono las más simples, pero hay combinaciones de áreas, para la gente que tiene que viajar de ciudad a ciudad con frecuencia. Para más detalles, les dejo el link del sitio de Egged: http://www.egged.co.il/Article-801,1427-Monthly-Pass.aspx

lunes, 19 de agosto de 2013

¿De dónde somos? ¿A dónde pertenecemos?

Quisiera poder escribir seria y objetivamente acerca de Medio Oriente; de todo lo que pasa acá sin que, de una forma directa, afectaran mis vínculos afectivos (o in-afectivos) con la gente que conozco en esta tierra, pero aún no llego a ese nivel de profesionalismo. Finalmente no soy periodista, y hasta en el más claro y objetivo ejercicio del periodismo, salta de cuando en cuando alguna línea que sale de las entrañas. ¿Alguna línea? Probablemente más que "alguna". No podemos evitar formar vínculos, ya sea románticos o envenenados con aquello que nos rodea. Finalmente, en todos los rangos que van desde el amor hasta el desprecio, nos anudamos con el objeto de tales sentimientos.

Vivo en un país de guerra silenciosa. Mi parte favorita de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en donde está el Kotel, mejor conocido como "El muro de los lamentos", y el Monte del Templo, en donde actualmente se encuentran la Cúpula Dorada y la mezquita de Al-Aqsa es, muy probablemente, una de las zonas más conflictivas de la tierra. 



En las calles uno ve judíos y árabes caminando sobre las mismas aceras, y a diferencia de lo que usualmente los medios masivos hacen pensar, nadie está matando a nadie. Trabajan juntos, hacen negocios los unos con los otros, regularmente usan el mismo transporte; veces se relacionan en tratos cordiales y hasta amistades. Pero es imposible no notar los remanentes de un cierto rechazo que parece no salvarse ni por medio de la unidad cotidiana. Es raro ver que judíos y árabes vivan juntos: hay villas árabes y villas judías, y generalmente ambos bandos evitan meterse en las calles de los otros. Hay excepciones, pero en general funciona de esta manera.

La tensión entre los unos y los otros habla de una especie de miedo a lo que, confome avancen los "acuerdos", podría pasar con unos y con otros. Los israelís de derecha defienden la tierra, y el derecho del pueblo judío a estar aquí, por sus raíces ancestrales, por el hecho mismo de que los judíos nacieron aquí, en Judea y Jerusalén es, para ellos, el lugar más sagrado de la tierra. Estos son a los que regularmente se conoce como sionistas. Los de izquierda muestran un cierto desapego a estos conceptos, y se van más por las necesidades reales de los habitantes de esta tierra, sean israelís o palestinos. O al menos eso se supone. Muchos simplemente se denominan "de izquierda" porque ser de izquierda es ser cool, y porque ser un israelí-propalestina-quenohizoejército es todavía más cool bajo la mirada de la izquierda internacional. A estos mejor pensémoslos como izquierdistas de chocolate.

El tan mentado muro que divide territorio israelí del West Bank

Muchos dicen que los palestinos son una invención, que no hay una historia palestina porque nunca hubo un pueblo palestino. Que son egipcios y sirios; que Jordania es la parte de la división que hizo el Mandato Británico en la primera mitad del siglo XX para la población árabe, y que es ahí donde pertenecen los árabes. Tienen un punto. Si uno busca las raíces del nombre "Palestina", se encontrará con que fue el nombre que los romanos le dieron a esta tierra para humillar a los judíos, ya que estos mismos, mucho tiempo atrás, habían sido derrotados por un pueblo de raíces griegas conocido por el nombre de "filisteos". A partir de ahí hubo conquistas al por mayor: árabes, cristianos. Hubo cruzadas: poblaciones entrando y saliendo, muriendo, migrando, etc. Pero también los árabes tienen un punto. Muchos de ellos (y entiéndase que hablo del ahora, de la población actual) también nacieron aquí. ¿Qué es lo que hace que uno pertenezca a una tierra? ¿El nacer ahí o el identificarse con ella? Los judíos de todo el mundo tienen el derecho a migrar aquí; el gobierno les paga el boleto y les da montones de facilidades para que se integren a la sociedad, incluyendo la ciudadanía inmediata. Muchos migran por deseos de progresar, para buscar un nuevo comienzo, y demás razones loables. Y si todos lo hicieran por estas mismas razones, no me parecería para nada mal. Pero también hay gente que, sin tener interés alguno en aportar algo, socialmente hablando, para la nación que los recibe, migran sólo para obtener beneficios. (1) Un árabe nacido dentro de Israel tendrá también la ciudadanía, por supuesto. Pero uno nacido dentro de estos territorios de "identidad en disputa" será una historia completamente diferente. Sin embargo, esos territorios, ¿son Israel o no? He ahí el asunto. Hay gente que dice: "Si quieren autonomía, que no pidan que Israel les de cosas como si fueran ciudadanos". Hay gente de ambos lados, que aboga por un solo estado utópico en el que judíos y árabes vivan juntos (Porque se ha probado que, al menos en un nivel muy básico, sí se puede. Yo misma lo he visto), pero entonces empiezan las paranoias acerca de qué pasará con las minorías de ambos lados.  O peor aún: ¿Quiénes serían la minoría? ¿Quiénes tomarán el control? ¿Qué nacionalidad ostentarían? ¿Cómo afectaría ello a las identidades?

Hablemos un poco de minorías:

Los judíos ultraortodoxos dentro de Israel se caracterizan por vivir bajo una cerrazón casi estilo siglo XIX. Viven en  colonias y ciudades propias, en donde todo lo que se ve alrededor es, básicamente, blanco y negro (por su modo de vestir, pues). Gran parte de ellos no trabaja. El gobierno los mantiene para que estudien Torá. No tienen que hacer ejército. Según me han dicho, mientras más hijos tienen, más jugoso es el cheque mensual. Aquí expreso opiniones que son meramente mías, y si ofendo a alguien, lo lamento, pero así lo veo yo: No hacen realmente nada que beneficie al país. El estudio de la religión no tiene por qué estar peleado con ser socialmente productivo (y activo). He convivido con ellos, y puedo decir que no me encantan, como grupo social al menos (Por supuesto que también entre ellos hay admirables excepciones). Son una minoría, sin embargo, sus números aumentan constantemente. Son malos para cooperar, pero buenísimos para protestar y enfrentarse a otros. Su ridículo conservadurismo (así lo llamo yo, no se lo tomen por concepto generalizado) no puede más que acarrear desastre para el país. (2)

Mujeres ultra-ortodoxas de Bnei Brak

Por otro lado, en la comunidad árabe hay simpatizantes por la causa israelí (vamos, no creo que uno se vaya a encontrar con frecuencia este término: "causa israelí" en contraste con el de "causa palestina", pero lo uso en términos prácticos). Hay árabes, tanto musulmanes como cristianos, que hacen ejército y expresan su voluntad de vivir del lado israelí, en caso de que el Estado se parta, y una  nación árabe nazca aquí al lado. Porque, probablemente, sería sólo otra más. Otra nación árabe que, eventualmente, colapsaría en conflictos internos y choques entre grupos más, o menos religiosos, más, o menos extremistas. Pero estos simpatizantes son, por supuesto, también una minoría. La causa palestina es más seductora, tanto adentro del país, como afuera. Promete, al igual que el sionismo, una utopía revolucionaria que probablemente nunca (como cualquier utopía) llegará a concretarse. La corrupción  y los intereses cruzados de los diferentes grupos políticos palestinos no van a dejar que eso pase. Ser la víctima tiene sus ventajas ($), y las verdaderas necesidades del pueblo palestino son la última prioridad de sus líderes.

Hay casos en que la identidad pareciera tener límites borrosos. Pienso mucho en los judíos mizrahíes: los que vienen de países árabes. Son judíos árabes, aunque a ellos mismos les dé escalofríos la parte de árabes. Es raro escuchar acerca de los miles de refugiados que llegaron a Israel después de que países como Irak, Irán, Siria, Yemen y Líbano los expulsaron luego de la derrota sufrida por el mundo árabe justo después de la fundación de Israel. Cuando la gente habla acerca del "régimen de ocupación", de los derechos de los habitantes originales, de que los judíos vuelvan a sus países de origen, etc., me gustaría saber cuál sería su solución para todos los mizrahíes (los expulsados que aún viven, y sus descendientes). ¿Mandarlos a sus países de origen? ¿Pedirle por favor a los gobiernos de todos estos países árabes que acepten de nuevo a "sus judíos"?

No hay absolutos. Los matices de religión, deber, ideología, raíces, y memorias históricas hacen de este conflicto un círculo vicioso. De ambos lados tienen puntos válidos, y de ambos lados tienen argumentos estúpidos. 

¿De dónde somos? ¿A dónde pertenecemos?


(1) Es curioso que acá la conversión al judaísmo a veces es más un recurso de integración social, que un verdadero acto de fe. Si uno logra convertirse al judaísmo, recibe los beneficios ya mencionados de inmediato. Una persona no judía, sin embargo, deberá esperar bastante más tiempo, y atravesar muchos más trámites, para obtener la ciudadanía.

(2) También están los judíos seculares, e incluso los religiosos nacionalistas, que buscan el bienestar del país a toda costa. Trabajan y viven para ello. Son a los que podríamos denominar como "buenos ciudadanos". Y por supuesto, están aquellos (abundantes en cualquier país del mundo) a los que les vale madre.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Sobre la visa B1 (y la A5) en Israel

A finales del mes pasado conseguí, por fin, mi permiso de trabajo aquí en Israel. Fue un proceso largo, pero siento que ha valido la pena. Ahora, como sé que hay mucha gente que, como yo, sin ser judíos quieren probar la vida en Israel, y no saben por dónde empezar, he decidido dedicar esta publicación a dicho tema.

Yo llegué a Israel con visa de estudiante, con un permiso para estar en el país por 8 meses. Vivía con una familia, les ayudaba con sus escuincles malcriados hermosos hijos y con la casa, y de esa manera pude subsistir en un comienzo sin tener que buscar un empleo serio. Cuando tuve la oportunidad de mudarme de Tel Aviv a Jerusalén, decidí, junto con mi novio, empezar el proceso para la visa B1, que es como se le llama aquí a la visa de trabajo.


Hay dos maneras de obtener la visa B1:

  1. Ser contratado por una empresa israelí y presentar un comprobante de ello al Ministerio de Asuntos Interiores de Israel. Eso le dará a la persona el permiso legal de estar en Israel, con la única restricción de trabajar solamente para el contratante que respaldó el trámite de la visa.
  2. Tener pareja con ciudadanía israelí. Esto aplica tanto para esposos como para novios. La ventaja de esta modalidad es que no se está atado a un empleador. El portador de la visa puede trabajar en lo que quiera, justo como si fuera ciudadano. Fue de esta manera que yo obtuve mi visa, y ahora explicaré a detalle.

En mi caso particular no fue necesaria una primera cita en el Ministerio de Asuntos Interiores (acá conocido como Misrad HaPnim) para entregar los primeros documentos para abrir carpeta. Aquí en Jerusalén los reciben todos los días (a excepción del Miércoles, me parece) de 8:00 a 9:00 a.m., en la oficina de Reunificación Familiar. Ojo, el Ministerio abre a las 8:00 en punto, así que en cuanto lo dejan pasar a uno, hay que correr a esta oficina para que el miembro israelí de la pareja entregue su ID, y estén en los primeros lugares de la "fila" que se hace. Eventualmente te llaman y te hacen pasar con una persona que te irá pidiendo uno a uno los documentos. En general, son los siguientes:

  • Certificado o Acta de Nacimiento.
  • Certificado de Soltería (que en el caso de México se saca también en el Registro Civil)
  • Certificado de No Antecedentes Penales
  • Por supuesto que un pasaporte con la máxima vigencia posible

Todos los certificados deberán estar apostillados en el país de orígen. LUEGO traducidos (con todo y apostillas, si estas no están en inglés) ya sea al inglés o al hebreo, y posteriormente las traducciones también tienen que ser legalizadas por un abogado. Yo las hice acá en un despacho en donde tienen abogado y traductora hispanohablantes. Ella las hizo y él las validó.

Traten de conseguir TODOS los documentos antes de venir a Israel, porque si no todo se hace más complicado (como fue en mi caso). Para conseguir el certificado de No Antecedentes Penales tuve que ir a la Embajada de México a que me tomaran huellas, mandar el documento que me expidieron, junto con las huellas, a México para que mi madre los llevara a la institución pertinente y pudieran expedir el Certificado. Todos los documentos ella los llevó a apostillar en México, y luego me los envió. Me llevé tiempo (y dinero) que me hubiera ahorrado de haber hecho todo allá. (Digo, cuando vine para acá no sabía que terminaría haciendo este proceso ;-)).

También deben juntarse pruebas de que la relación es real. Por supuesto que si estás casado, el certificado de matrimonio es fundamental (aquí no estoy del todo segura, pero probablemente también tenga que estar legalizado de todas las maneras posibles). Si no, es lo de menos, el proceso es más o menos el mismo para casados y no casados. Aquí van los requerimientos que (en general) se piden:

  • Fotografías de los dos juntos a lo largo de la relación (ayuda también si hay fotos de uno con personas de la familia del otro, etc.)
  • SMS impresos, e-mails, tiempos de llamada por celular, etc. Pruebas, en general, de que hay contacto constante.
  • Una carta del miembro israelí de la pareja contando la historia de cómo se conocieron, y cómo se ha desarrollado la relación (al menos a grandes rasgos).
  • Cartas de amigos y familia del miembro de la pareja que es israelí, asegurando que los conocen y que la relación es genuina.

Dependerá mucho del asesor (así los llamo yo, porque honestamente no sé cual es el nombre de su puesto, aunque son alguna clase de funcionarios de gobierno) que a uno le toque. Generalmente no habrá problema si falta algún documento cuando se abre la carpeta, siempre y cuando se entregue la mayoría de ellos. Ese día se hará una cita para la entrevista, que es la parte clave del proceso (y cuando se pueden dar los documentos faltantes). A mí me la dieron de poco más de dos meses para adelante del día en que fuimos a entregar los papeles. Mi visa de estudiante se acababa mucho antes de la entrevista, así que el Ministerio me dio un comprobante que me servía como una especie de extensión de estadía en el país, no una visa en sí, pero era al menos lo necesario para probar que seguía estando legal.

Dos meses después, cuando llegó el día, fuimos al a hora indicada. Se tardaron un rato en pasarnos (no esperen puntualidad, la puntualidad no es algo muy presente en la burocracia israelí), sin embargo finalmente llegó el momento. Pasaron primero a mi novio con una funcionaria que le hizo preguntas acerca de nuestra historia conjunta. Preguntas de toda clase: cómo nos conocimos, si conocía a miembros de mi familia, qué cosas teníamos en común, como era mi relación con su familia, y cosas por el estilo. Luego me pasó a mí. Con él se tardó bastante más porque anotó todo lo que él le respondió. A mí me hizo básicamente las mismas preguntas para ver si las versiones coincidían. No fue como un interrogatorio, sino más bien como la plática que tienes con alguien que está curioseando acerca de tu vida. Se siente más casual. O tal vez fue porque tuvimos suerte y nos tocó una mujer muy agradable como "asesora de proceso". Sea como sea, después mandó llamar a mi novio de nuevo, nos habló de qué tipo de visa era esta, y los alcances que tiene. 

La visa B1 se renueva cada año, durante tres años. Al cuarto año obtienes visa A5, que es la residencia con derecho a seguro médico del gobierno. La ciudadanía llega hasta el séptimo año. Para el caso de las personas casadas, son sólo 6 meses con visa B1, después A5, y la ciudadanía llega más rápido (aunque no me atrevo a afirmar qué tan más rápido).

No tuve ningún problema. Todo mundo se portó muy amable conmigo. Jamás recibí ningún trato grosero. Pero debo aclarar que la experiencia de cada uno es diferente, aunque teóricamente el proceso sea el mismo. Muchas veces te pedirán documentos extra, tales como comprobantes de renta conjunta. A nosotros no nos lo exigieron en ningún momento, porque en realidad no pagamos renta en donde vivimos. 

Mi único consejo es paciencia. Sonrían, no hagan enojar a nadie, sean amables y siempre pregunten y anoten todo a detalle. Lleven documentos de más, si los tienen (aunque no se los pidan). Yo también apostillé y traduje mi título universitario y lo entregué, porque quería que vieran que soy una persona con educación que puede aportar cosas buenas al país. También llevamos comprobantes del salario de mi novio (para probar que somos económicamente independientes, dentro de lo que cabe), y cosas así. Les pedirán también fotos tamaño pasaporte y llenar formas, pero eso ya se sobrentiende.

En cada parte de Israel, al parecer, la Misrad HaPnim funciona diferente. Me parece que por la zona de Tel Aviv sí se requiere cita para abrir carpeta. Hagan TODO con antelación. A veces se tiene suerte y todo el trámite es rápido, pero a veces, debido a la lejanía entre cita y cita, puede llevarse meses. Tomen sus precauciones en este sentido.

Incluyo aquí el link del blog de Andrés Fernández. Él también pasó por este proceso y fue, de hecho, gracias a la información que él facilita que tuve mi "primer acercamiento con la B1" y obtuve datos importantísimos que, literalmente, me hicieron todo más sencillo: http://legalenisrael.blogspot.co.il/2010/03/visa-b1-solicitud-y-proceso.html

Espero que la información sea útil. Pueden preguntar si tienen alguna otra duda al respecto.
:-)


Actualización 2016:

El 10 de julio de este año recibí la visa A5 (א5), y la famosa Teudat Zehut (cédula de identificación). Ya soy oficialmente residente.



Actualización 2017:

Hace poco más de dos semanas recibí mi segunda A5, con una ID biométrica en esta ocasión. Me acabo de enterar que desde finales de 2013 se le agregó otro año extra al proceso para la gente no casada, es decir: Son tres años de B1 (visa de trabajo), y cuatro años de A5 (residencia temporal). Terminando esos cuatro años de residencia temporal, uno recibe la residencia permanente, y ya teniéndola se puede aplicar para la ciudadanía.