Para el cumpleaños número 66 de Israel, me fui a visitar Haifa, y me quedé en el departamento de mi amigo E y su novio. Nunca había viajado tan al norte. En la Estación Central de Jerusalén tomé el autobús 940 que llega directo a la estación Hof HaCarmel, en Haifa. El boleto de ida y vuelta me costó poco más de 70 shekels.
Siempre me emociona hacer viajes en autobús, y más si son
largos. Mientras más largos, mejor. A veces disfruto más el recorrido que el
destino mismo. Ojalá que pudiera decir que me pasa lo mismo con la vida.
De Jerusalén a Haifa fueron poco menos de dos horas, tiempo que
para el que está acostumbrado a las distancias en México sonará como un viaje
normal al trabajo o a la universidad, pero en "tiempos y distancias
Israel", es casi como irse del DF a Acapulco.
Le quise hacer honor a aquellos viajes que una vez a la
semana me hacía de Bnei Brak a Jerusalén, en época de desconciertos y dudas, hace ya más de un año. Sí, más de un
año. Pinche tiempo, cómo vuela. Me puse voluntariamente nostálgica a escuchar a
Pain of Salvation, y algunas otras bandas. Es bueno regresar con la mente a
esos sitios que antes nos dolían, con la sensación de que ahí ya nada puede
lastimarnos.
Cuando el autobús salió de la estación de Jerusalén, la
primera parte del viaje fue similar al que se hace para Tel Aviv, pero pronto
el camino cambió junto con los paisajes. Entramos por carreteras que ya no me
fueron familiares. Me encanta Israel porque las vistas varían de manera
impresionante en segmentos tan chiquitos. Bosque, páramo, páramo, bosque,
desierto, páramo, bosque. Así iban cambiando las imágenes, y poco a poco Haifa
y yo nos acercábamos la una a la otra, en un encuentro que habíamos postergado
desde hacía mucho. Porque Haifa era uno de esos lugares que decía "Tengo
ganas de visitar", y nunca visitaba. Pero al fin, el Mediterráneo a mi
izquierda, me anunció que ella y yo estábamos por conocernos.
En Haifa se encuentra el puerto marítimo más importante del país, y la ciudad misma es la tercera más grande de Israel. Llegué a la terminal, la que está justo junto a la estación de trenes. Ahí esperé al novio de mi amigo, que pasó por mí. Llegamos a su departamento un rato después. Un sitio pequeño y acogedor, en donde comimos sushi y bebimos vino mientras mirábamos la tele como si fuera la más normal de las tardes en familia. Desde la ventana la vista de la ciudad era hermosa. Por estar en un lugar alto, se apreciaba el puerto en una vista panorámica que parecía de postal. La niebla borroneaba un poco el horizonte, no dejando muy claro al espectador en dónde empezaba el agua, y en donde el cielo. Barcos que por la distancia parecían de juguete estaban ahí, algunos fijos, otros se movían levemente. Luego el puerto, y luego todas las casas, muy juntas, que una tras otra escalaban el monte hasta llegar a donde nosotros estábamos. Un poco a la izquierda se alcanzaba a ver el Santuario del Báb que es el emblema de Haifa, así como el Muro Occidental y el Domo de la Roca son los emblemas de Jerusalén.
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| Desde la ventana |
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| Noche de fiesta, la ciudad, y las luces |
La noche sería noche de fiesta, noche de independencia, de fuegos artificiales, de bebida, de música en las calles, de incontables personas celebrando en una especie de carnaval mediterráneo. Banderitas azul y blanco ondeaban por todos lados, y los niños jugaban con esos juguetes luminosos, como varitas, diademas y tubos, que en todas las celebraciones, en todos lados, son tan comunes, y que son casi desechables porque usualmente sólo duran uno o dos días.
Curioso que E y yo nos venimos a conocer en estas tierras. Acá todos los mexicanos se quieren más, o al menos eso parece. Con E la amistad avanzó rápido, y me alegro. Siempre es bueno tener gente que entienda la situación que uno vive. Ambos somos inmigrantes no judíos, en en el mismo estatus legal, y por si fuera poco, venimos del mismo rincón de complicado nombre: Tlalnepantla, Estado de México.
¡Cómo se disfrutan los contrastes de oriente cuando tienes
con quién hacer comparaciones entre el significado de chaca y ערס, y reírte de dichas similitudes sin tener que dar
demasiadas explicaciones al respecto! O con quien quejarte de cómo se extraña
la comida mexicana y su variedad en tierra donde la elección más crucial de qué
comer suele ser entre falafel y shawarma. Y echar pestes de la rudeza de la gente local, pero también expresar una admiración compartida por su solidaridad tan obvia, y a veces tan ausente en los citadinos de la patria madre.
Ya por la noche salimos a ver los fuegos artificiales, con un termo lleno de vino tinto en la mano. De pura suerte encontramos espacio de tanta gente que había, y nos arrepentimos de no habernos quedado en su departamento en donde finalmente hubiéramos tenido una mejor vista. Una cerveza por aquí, y por allá. Entrar al metro de Haifa gratis en un PosMeSalto israelí, que ni atrevido era porque finalmente aquel día el transporte público era gratuito. Una parada rápida en Mc Donalds Kosher, y luego la vuelta al departamento.
El siguiente día fue de Santuario de Báb, o al menos un vistazo de este. De playa, y de carne asada en un kibbutz. E me regaló unas plantas de tomates verdes, nacidas de semillas que él mismo se trajo de México. Ahora viven en mi balcón, y las cuido como si fueran un trocito vivo de mi país.
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| El Santuario del Báb |
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| Día nublado en la playa |
Suspiro por Haifa, como siéndole infiel a Jerusalén.
Jerusalén sigue siendo "la buena" por ahora.
Quién sabe en el futuro... :-)





