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viernes, 29 de agosto de 2014

Fronteras de agosto

8 de agosto de 2014

La operación en Gaza, llamada "Margen Protector" comenzó el 8 de julio pasado. Un mes exacto, desde hoy. Estos últimos días hubo un cese al fuego de 72 horas, pero justo hoy se terminó y las hostilidades no se hicieron esperar. La operación de 2012, que también me tocó vivir, duró apenas unos días. De entre los vaivenes de relativa calma y violencia a la que los residentes de estas tierras ya están tan acostumbrados (para bien o para mal), de entradas y salidas de Gaza, de misiles y bombardeos, Margen Protector se ha extendido más de lo que muchos quisieran. Fueron lanzados hacia Israel más de 3,000 misiles (según datos de las Fuerzas de Defensa de Israel, 3,360), de los cuales 2,303 han golpeado el territorio; 115 han caído en áreas pobladas, 584 interceptados por la Cúpula de Hierro, 119 fallidos, y 475 que han caído adentro de la misma Franja. Más de 60 soldados han muerto, y 150 han sido heridos. Del lado gazatí, alrededor de 1,885 muertos, y un aproximado de 10,000 heridos.

Las justificaciones están de más. Pareciera que todos los envueltos en este conflicto vivieran en realidades muy diferentes. Israel, por un lado, acusado de operaciones desmedidas que se están cobrando la vida de mucha gente inocente; Israel justificando la legitimidad de sus acciones, declarando que lamentan las pérdidas humanas, y perdiendo el apoyo de la comunidad internacional. Hamás, por otro lado, lanzando cohetes desde áreas pobladas, mezquitas, hospitales y hasta recintos de la ONU. Fotos virales que, en algunos casos auténticas, y en muchos tomadas de conflictos de Siria, Irak, y otras partes. Para ellos, cada muerte gazatí es una victoria mediática, un arma más en contra de Israel. Victorias en el camino de algo que, sea lo que sea, está muy lejos de estar relacionado con el bienestar del pueblo palestino.


29 de agosto de 2014

He escrito mucho menos de lo que me hubiera gustado en estos últimos dos meses. Han pasado muchas cosas: En julio renové mi visa de trabajo, y dentro de poco voy a hacer un viaje de dos meses fuera del país. Por ahora no mucha gente sabe a dónde. También, dentro de una semana exactamente, cumplo dos años de vivir en Israel. Dos años.

El día que llegué, 4 de septiembre de 2012, mi mundo se fue de cabeza. Era la primera vez que cruzaba el océano, y la primera vez que viajaba a expensas de mí misma, de mi curiosidad, de mi deseo de irme lejos. De ahí en adelante todo ha sido como parte de una novela de la que yo soy personaje. Siempre me desdoblo, cuando me encuentro cara a cara con esta realidad que parece tan inverosímil, y es como si esta vida que estoy viviendo no fuera mía, sino la de otra yo.

El llamado al rezo de las mezquitas aledañas ya no me despierta en la madrugada: me he acostumbrado a él. Cuando tengo que ir a trabajar temprano, todavía no hace calor. Hay una especie de bruma fresca que poco a poco se va evaporando, hasta que, por ahí de las 9 de la mañana, hay que prender los ventiladores o el aire acondicionado. Ya me acostumbré a vivir en frontera. En una frontera que es y no es, dependiendo de a quién le preguntes. El año 1967 tiene que ver.

Desde la ventana de mi cuarto se alcanzan a ver las villas árabes que nos rodean. La guerra en Gaza "terminó", luego de 50 días. Alrededor de 2,200 muertos. Y, desde hace un par de días, los habitantes de estas villas lanzan fuegos artificiales y ondean banderas palestinas, celebrando la "victoria". La prensa árabe insiste en que Hamás ganó la guerra. En Israel no celebran, pero afirman que las FDI ganaron la guerra contra Hamás. Ayer se dijo que Netanyahu había aceptado un estado palestino en las fronteras del 67. Luego se desmintió la información.

Últimamente he estado pensando en una noticia que leí hace unos días: Una pareja, conformada por una judía y un musulmán, se casó. Como aquí en Israel no existe el matrimonio civil, la chica tuvo que convertirse al Islam para que la boda fuera legal. Un grupo de extrema derecha, autodenominado Lehava convocó gente para ir a protestar frente a la boda, por ser una "abominación". Sin embargo, la boda se celebró, sin altercados mayores. Quiero decir, debe ser incómodo tener un grupo de locos gritando "Muerte a los árabes" el día que se supone debe ser el más feliz de tu vida, pero al menos no hubo agresiones físicas. El amor logró, de alguna manera, romper límites, romper separaciones, burlarse de las fronteras culturales.

Pienso en esta canción, "Let The Truce Be Known", de Orphaned Land, una banda israelí que me gusta mucho. Con ella concluyo esta breve introspección.