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domingo, 31 de mayo de 2015

Run End (O cuatro mini entradas de mayo sobre ir viviendo una vida expatriada más saludable)

25.05.2015

Cada que hago caminadora, aprendo algo más sobre la naturaleza
al mirar NatGeo Wild, y de paso practico el hebreo con los subtítulos ;-)
Hace más o menos un año empecé a vivir un estilo de vida algo más activo. Gracias a una aplicación que se me hizo interesante, llamada Zombies, Run! comencé a correr (o, al menos al principio, a medio-caminar-medio-trotar-medio-jadear), y poco a poco fui mejorando mi condición física. Al principio no era tan constante, pero empecé a disfrutarlo, y entonces incorporé más y más sesiones a mi rutina. Aunque nunca he sido gorda, siempre tuve esos rollitos incómodos que se saltan con los jeans apretados, o que hacen que la ropa ajustada no se vea... bueno, tan bien como en los maniquíes. Después de agarrarle el gusto a salir a correr, me di cuenta de que los números en la báscula no cambiaban. Obviamente fue hasta que descubrí que para perder peso (o mejor dicho, volumen) también hace falta hacer cambios en la manera en la que se come. 

No recuerdo cuando exactamente, pero en la tienda de aplicaciones de Android descubrí una maravilla llamada Noom Coach. Esta app sirve para contar calorías, pasos (podómetro) y para, por medio de la lectura diaria de mini-artículos, ir aprendiendo más y más sobre nutrición. Tuve la versión gratuita durante algún tiempo. Inicialmente perdí algo de peso, pero volví a ganarlo con creces en los dos meses que pasé en México. Sí... la comida mexicana no tiene comparación, y eso fue obvio en mi manera de comer. Sin embargo, cuando volví a Israel, y estando ya bastante cerca de mi cumpleaños 26, decidí que debía comprometerme un poco más. Pagué la versión pro de la app, que desbloquea todos los artículos, y registros, además de dar acceso a grupos de soporte entre personas que están buscando mejorar su físico, y la posibilidad de contactar asesores directamente si se tienen dudas sobre el programa que uno debe seguir. También me uní a un gimnasio local aquí en Jerusalén, llamado City Gym. Es la primera vez en mi vida que voy a uno, y al principio me sentía un tanto torpe e insegura, y después de tener dudas sobre si continuar o no, luego de mis primeros dos meses, logré decidirme, cosa que para alguien que ha sufrido de derrotismo agudo gran parte de su vida, fue una victoria inenarrable. Poco a poco, de los 65 kilos que pesaba, los números se fueron derritiendo, y ahora mismo que escribo estoy en 54.

Vamos, que no tengo intenciones de sonar a libro de superación personal, pero me atrevo a contar brevemente esta historia, porque en una mezcla inexplicable de amor por la vida y temor a la muerte, encontré un punto intermedio al que asirme. Tengo TOC. Creo que esta es la primera vez que lo menciono en este blog, y durante toda mi vida he tenido obsesiones enfermizas y a veces hasta aterradoras que no me han dejado ser feliz del todo. Ya estando acá, y después de aprender cómo lidiar con todas esas sensaciones, todavía tuve episodios devastadores. Durante un año fui a ver a una psicóloga que me ayudó mucho, y volví a la fluoxetina en una dosis mayor a la que tomaba en México. Esa dosis, felizmente, se va reduciendo al fin. Bueno... una vez le describí mi TOC a la psicóloga como si se tratara de un ser que a veces tiene forma de monstruo, horrendo, informe, que me chupa la vida, y todo rastro de felicidad, y a veces tiene forma de gatito regalón, de esos que difícilmente no lo hacen sonreír a uno. Un monstruo del que nunca me voy a librar, pero con el que he aprendido, finalmente, a convivir. Y cuando logramos convivir, es precisamente cuando se transforma en ese gatito; uno que ronrronea en mi regazo; en una fuerza que me alienta. Puedo obsesionarme con ideas felices, y con cambios que valen la pena.

Supongo que absorbemos un poco del lugar en el que echamos raíces, y siento que la mayor parte de las cosas que yo he tomado de esta tierra me han ayudado a mejorar.



29. 05.2015

Después de varios días de calor agobiante hoy hace un lindo tiempo otra vez. Ahora mismo 20 grados. En momentos como este me alegro de no vivir en Tel Aviv, o en cualquiera de las zonas costeras, con su clima de sauna. Este ha sido un mes muy activo, y muy feliz. El ejercicio me ha ayudado a mejorar no sólo la salud física sino la espiritual. Me siento más contenta, más relajada, y no me cuesta tanto trabajo centrarme en el ahora, cosa que nunca antes pude hacer. Vamos, que no es que haya encontrado la iluminación ni nada de eso; sólo he aprendido a ser feliz con lo que tengo.

Creo que no he mencionado que dejé las clases de hebreo. Ya no sentía que estuviera progresando en la clase, y decidí que ahora la única forma de hacerlo es usar el idioma hasta que me salga natural. Fuera de eso, creo que estoy en el camino correcto.

Para reponer los días que no voy al gimnasio, trato de tomar caminatas largas por la ciudad. Tranquilas, sin prisas. Contemplativas. A veces fotográficas. Creo que hoy voy a hacerlo, aprovechando que no hace calor. Tengo ganas de tomar fotos.
Nunca jamás me cansaré de ella
30.05.2015

Ir a la ciudad vieja siempre me despeja la mente. Me queda como a 5 kilómetros de la casa, así que las caminatas de ida y vuelta son de, cuando menos, 10 kilómetros. Ojalá que todos los días fueran como hoy (y ayer): cálidos y frescos a la vez. Tengo intenciones de salir a caminar de nuevo. Sin prisas. Sin reflexiones profundas. Así se fue este mes. En una alegre tranquilidad. :-)


31.05.2015

Hoy en la mañana fui a ayudar a los Waxman con su casa. Ellos son un matrimonio inglés, ambos ya pasados de los 70 años. El señor tiene alguna clase de condición senil, o Alzheimer quizás, pero nunca le he preguntado a la esposa. Quiero decir, ella sabe que yo sé, y así, sabiendo, jamás ha salido el tema a colación en nuestras muchas pláticas. Usualmente tomo el bus a su casa, pero hoy decidí hacer algo de ejercicio extra, y me fui caminando. Son 3 kilómetros exactos. Cuando terminé de ayudarles, me fui al gimnasio, otra vez a pie. En el camino hice una parada al súper, y compré varias cosas, incluyendo crema de cacahuate. Leí, en alguna de mis muchas inmersiones en Google, que la crema de cacahuate es muy buena como parte de una botana saludable después de trabajar los músculos. Me pasó, pues, ahí en el súper, que no me alcanzó para todo lo que había agarrado, y tuve que pedirle a la cajera que cancelara algunas cosas. Así vivir la edad adulta en un país en donde, si se compara con México, todo es caro. Tuve mis dudas sobre si ir al gimnasio o no de lo pesada que quedó mi mochila al final de las compras, pero me dije a mí misma que los pretextos son para huevones y mediocres, y seguí caminando hasta que llegué a mi destino. Y el gimnasio, como siempre, me hizo sentir muy bien (no regrets). Al volver a casa (esta vez sí, en bus) lo primero que hice fue prepararme una rebanada de pan integral con una cucharada de la crema de cacahuate, y un plátano cortado en rodajas encima. Me supo a gloria. ¡Tenía años que nada me sabía tan rico!

Este mes fue simple. Hoy decidí que, en mi diario personal, voy a anotar las pequeñas victorias de cada día, aunque parezcan poco. Las de hoy, por ejemplo: Caminar extra, y disfrutar extra algo tan simple como un pedazo de pan embarrado de crema de cacahuate y plátano. Son casi las 5:00 p.m.

El cardio de hoy