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sábado, 1 de agosto de 2015

Jerusalem faces

Esta vez se me hizo tarde para publicar la entrada de julio, con todo y que en varias ocasiones abrí y modifiqué un borrador. Supongo que, en realidad, a nadie le afecta del todo, porque tengo relativamente pocos lectores, y esto es algo que hago por gusto, no por obligación... aunque honestamente me siento comprometida a hacerlo, porque es compromiso lo que precisamente le ha faltado a mi vida. Fue justo cuando me comprometí a cuidar más mi cuerpo, que empecé a ver resultados de verdad. Y supongo que será hasta que me comprometa a escribir "de verdad" cuando empiece a... ¿a qué? No lo sé. Desde un principio la finalidad de este blog no fue la calidad literaria, sino el compartir un poco de todo lo que vivo y veo, aunque fuera de manera muy sintética. Y de cierto modo lo he hecho. Prueba de ello es que, la entrada más útil que este espacio ha producido jamás (Sobre la visa B1 en Israel), atrae tráfico constante y me ha llevado a conocer a un montón de personas interesantes que están en situaciones similares a la mía: ya sea porque quieren venir a vivir al país, por interés cultural o religioso, o porque tienen pareja israelí.

Como sea... tengo algunas anécdotas que me gustaría compartir antes de que se me pierdan para siempre. Cada mes aquí es particular, y aunque parezca que vivo sumergida en una rutina muy plana, nunca es así en realidad. Los detalles del mundo que me rodea de pronto resaltan como remarcados en pintura fosforescente. Y gracias a una buena inversión en equipo móvil, siempre tengo a la mano la útil camarita de mi teléfono celular, que me deja tomar fotos a una velocidad que mis otras cámaras envidiarían. Empecé a tomarle fotos a la gente en la calle, sin motivo particular, sólo porque me gusta verlos e imaginar sus historias. No les pido permiso, porque me temo que aunque me lo dieran, el saber que van a ser fotografiados iba a arruinar el  resultado final. Todos tienen historias que contar en este crisol de gentes, religiones y culturas que se llama Jerusalén.


19.07.2015

Iba rumbo al gimnasio, después de limpiar una casa en la calle General Pierre Koenig. Un señor ya grande iba sentado frente a mí, y de inmediato me hizo un comentario que no entendí. Verán: uso una estrella de David al cuello, no por motivos religiosos, sino como una especie de símbolo del apego emocional que tengo con esta tierra. No sé si me preguntó si era judía, o algo relacionado con el ejército, pero hablaba muy bajito, y honestamente no me atreví a decirle que no le entendía. Siguió hablando, contándome historias, como si yo fuera alguien a quien conociera desde hace mucho. Después empezó a conversar con el hombre que iba sentado al lado suyo, pero no mucho después, decidió que quería seguir conversando conmigo. Me preguntó que sabía dónde estaba ______ (cierto lugar), le dije que no, y lanzó una exclamación como de "¡¿Cómo?! ¿Pues qué no les enseñan geografía en las escuelas?!". Le dije que no soy israelí, y me preguntó que de dónde era. Le dije que de México, y tuve repetirlo varias veces porque no parecía entenderme. Al final lo logró, y me dijo: -Entonces hablas español. Yo también hablo español... bueno, no, ladino." Le dije un par de cosas en español, y no me entendió. Volvió a hablarme en hebreo. Me contó que fue soldado, mencionó algo de los nazis, y de cómo llegó a Israel. Mi parada estaba cada vez más cerca. Le pregunté su nombre. Me dijo que se llama Abraham. Le dije que ya me iba a bajar, pero que había sido un gusto platicar con él. Me levanté, y la última vez que lo vi, su mirada ya se había desviado de mí, como si yo nunca hubiera estado ahí. Mientras hablábamos le tomé varias fotografías. Ojalá lo hubiera conocido en otro lugar, en donde de verdad hubiera podido sentarme con tranquilidad, pedirle que me hablara despacio para entenderle bien, y entonces escuchar, y escuchar, nada más.

He tomado después de eso otras fotos, que no llevaron conversación incluida, pero que me dejaron muy contenta. Las caras de Jerusalén que, como este señor, también me cuentan historias aunque no me hablen.

Una foto publicada por Ducel Ariane (@ducelariane) el

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