La moneda
Tengo una moneda romana del periodo de los emperadores ilirios. Tardé bastante tiempo en entenderla, y ahora, parece conectarse con todo lo que está sucediendo en mi vida de una manera más directa que cualquier otro objeto que ahora posea.
La conseguí hace poco más de un año en una tienda de antigüedades de la ciudad vieja de Jerusalén, cuando entré a curiosear con un amigo mexicano que recién acababa de llegar a la ciudad para hacer su maestría. La moneda fue un regalo suyo de agradecimiento por la ayuda brindada en los preparativos de su viaje. Pues vamos, que el vendedor me dijo que era el periodo del emperador Juliano, que gobernó del 361 al 363, año de su muerte. Me dio certificado de autenticidad y todo. Aunque los certificados que le dan a uno en la ciudad vieja son escritos con bolígrafo en cartones pre-hechos con el logo de la tienda. La moneda no costó gran cosa, así que no sería una tragedia tan terrible si resultara ser falsa. Aún así, busqué en varias páginas de numismática antigua y caí en cuenta de que mi moneda no se parecía en nada a las Juliano. Ni el anverso ni el reverso, ni las inscripciones, ni el emperador mismo. ¿Sería falsa, como me lo había sospechado? ¿O el vendedor se habría equivocado de emperador? Luego de un tiempo de investigar, decidí dejarlo por la paz. No era tan importante como para quitarme el sueño. Y ahí estuvo la moneda, en su pequeña cajita, como un adorno de escritorio más, hasta hace unos días.
Decidí darle otra oportunidad a la curiosidad, y comencé a investigar de nuevo. Me guié por las inscripciones que, por suerte, no están tan borrosas como para no darse una idea de lo que dicen.
En el anverso, alrededor del perfil del emperador se lee: IMP C AVRELIA y más difuminado, pero casi obvio: NVS. Luego otras letras que ya están muy borrosas. En el reverso tenemos RESTITVT OR . BIS, alrededor de dos figuras: una recargada en un bastón, con una mano extendida en señal de dádiva (¿o recibimiento?); y la otra levantando lo que parece ser una corona de olivos; bajo sus manos hay algo que asemeja una estrella o un sol. En la parte baja de la moneda (en numismática denominada exergue) hay dos símbolos parecidos una K y lo que inicialmente me pareció una X, pero resulta ser una A, según lo que corroboré en este sitio: http://www.beastcoins.com/RomanImperial/V-I/Aurelian/Aurelian.htm
El RESTITVTOR es el texto más claro de la moneda junto con el IMP C, pero AVRELIANVS es algo complicado, ya que la A y la V iniciales se parecen por su forma cuadrada. La parte más clara es el LIAN, lo que creo que pudo haber provocado la honesta confusión del vendedor cuando me dijo que se trataba de JuLIANus. Sin embargo, lo más interesante de este descubrimiento viene a continuación:
La reina guerrera
El emperador Aureliano, de cuyo periodo es la moneda que tengo, gobernó del año 270 al 275, considerado reunificador (RESTITVTOR ORBIS) al reconquistar el imperio galo, territorio independiente conformado por los territorios de la Galia y la Hispania, y el imperio de Palmira, cuyos territorios incluían las provincias romanas de Aegyptus, Syria Palaestina y Arabia Petraea.
Así pues, Palmira, sublevada del imperio romano en el año 268, estaba gobernada por la reina árabe Zainib, mejor conocida como Zenobia (240/45?-273/75?), viuda del anterior regente de la ciudad, Septimio Odenato, y madre del joven heredero. Gran parte de la fama de esta figura se debe a que, según se cuenta, dirigía personalmente a su ejército, como toda una reina guerrera. Gobernó hasta el 272, año en que fue derrotada por las fuerzas de Aureliano. Algunos dicen que fue asesinada en batalla cuando trataba de huir con su hijo, luego de que la ciudad fuera sitiada; otros aseguran que fue enviada a Roma y exhibida como cautiva en un desfile de victoria, siendo su destino final incierto. La versión más optimista, sin embargo, cuenta que Aureliano, impresionado por el valor de la joven reina, le perdonó la vida, la casó con un senador romano y le otorgó una villa en donde vivió hasta el final de sus días.
Actualmente estoy leyendo Las damas de Oriente, de la periodista española Cristina Morató. El libro está conformado por las biografías de mujeres europeas que viajaron por los países árabes en los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX. Figuras tan destacadas como Lady Hester Stanhope (1776-1839), Jane Digby (1807-1881) y Gertrude Bell (1868-1926), cuya vida, por cierto, acaba de ser hollywoodizada en la película Queen of the Desert. Es interesante que más de una de ellas expresa en algún momento, ya sea en memorias o cartas, su profunda admiración por la figura histórica de Zenobia, aquella mujer que, aunque brevemente, gobernó un territorio muy extenso y tuvo a su mando un ejército.
Cristina Morató tiene otro libro, Cautiva en Arabia, que es la biografía de Marga D'Andurain, una viajera francesa bastante excéntrica de principios del siglo XX, de cuya vida se sabía realmente poco antes de que este trabajo viera la luz. Marga sentía también una pronunciada devoción por la reina guerrera, tomándola prácticamente como su figura a seguir. En 1927 fundó un hotel en Palmira, al que daría el nombre de Hotel Zenobia. Cabe destacar también que cuando decidió que quería ser la primera mujer occidental en pisar la Meca, se convirtió al islam (por meros fines prácticos) y tomó el nombre de Zeinab. No logró entrar a la Meca, pero vivió una buena cantidad de aventuras a partir de su intento fallido.
La destrucción de la memoria
En agosto y octubre de este año la mítica Palmira, que fue paso obligado de la mayoría de estas aventureras, fue mutilada irreversiblemente por los hijos de puta del Estado Islámico. El templo de Baalshamin y el Arco del Triunfo fueron destruidos, y así también una parte de la civilización. Sólo quedan las narraciones de viejas batallas, reinas guerreras, emperadores reunificadores y otras mujeres que no supieron quedarse quietas. Y la esperanza de que la destrucción de las obras que nos dignifican como especie no se convierta en lengua franca aquí en el Medio Oriente.


