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miércoles, 24 de febrero de 2016

Lo que se aprende de los reencuentros

A mediados del año pasado me surgió la idea de que, tal vez, invitar a mi madre a pasar unos días a Israel no era, después de todo, tan descabellado. Siempre me repetí hasta el cansancio que el momento adecuado llegaría sólo cuando ya tuviera un lugar propio en donde ella pudiera quedarse conmigo. Porque, si bien el viaje no es de lo más caro (si se piensa en shekels), las tarifas de hoteles en Israel pueden no ser de lo más amigables para el bolsillo del que viaja con un presupuesto limitado.

Ya había considerado la posibilidad de un short time rental, pero no me había tomado el tiempo para investigar detenidamente cuáles eran las opciones. Fue entonces cuando navegando por Airbnb, encontré a una mujer que rentaba un cuarto con entrada independiente y baño privado a un precio bastante accesible. Sorpresa: resultó estar en la misma calle en la que yo vivo. Esa fue la señal definitiva de que, aunque aún no llego a mis condiciones ideales de vida por acá, era el momento de empezar a planear el primer viaje trasatlántico de mamá. Creo que esa fue la primera lección que esta experiencia me dejó: A veces aspiramos a un momento ideal que cumpla con una serie de condiciones específicas

Así pues, le escribí a la dueña del cuarto, y me permitió pasar a visitarlo. Me gustó de inmediato y le conté la historia de cómo, así tan casualmente, había descubierto que vivíamos en la misma calle y que eso sería ideal para hospedar a mi madre, por cuestiones prácticas. La señora fue de lo más amable. Después de discutirlo con mamá, decidimos que diciembre sería el tiempo correcto, y luego de cazar una buena oferta en British Airways (que al final resultó ser de Iberia) corrí a hacer la reserva del lugar. La dueña me dijo que no tendría que haberme apurado, porque ella nunca le hubiera dado esas fechas a alguien más sin consultármelo primero. Lindo de su parte, sin duda, pero fue una vez que tuvimos boleto y reserva que mi alma pudo, al fin, disfrutar de un momento de paz. Esto fue en junio de 2015. Ahora sólo quedaba, bueno, pues... esperar.

Fueron meses en los que tuve una gran cantidad de emociones. Planear y "desplanear" mil veces los lugares a los que llevaría o no a mi madre. La cantidad de trabajo que tomaría (o no) mientras ella estuviera aquí, la organización del tiempo, de los gastos, y sobretodo, pensar y pensar en cómo sería tenerla, por primera vez, en este país que me ha cambiado tanto. ¿Qué pensaría una de las personas más importantes en mi vida de este lugar tan trascendental? Casi como si presentar a mi madre con Israel se tratara de la introducción de dos personas, y no de persona y tierra.

Finalmente, a finales de diciembre de 2015, fui a recibirla al aeropuerto. Cuando la vi entrar, empujando el carrito donde llevaba las maletas, fue un momento realmente emocionante. Y a partir de ahí, comenzaron tres semanas que me marcaron en muchos sentidos. En primera, tener a mi madre viviendo tan cerca de mí, como vecina, me ayudó a darme cuenta de qué bien se siente la cercanía física con los seres amados. El mundo virtual es, ciertamente, un buen "suplemento", pero no supera la dicha de tener un almuerzo, una cerveza o una buena taza de café con la persona querida.

Las semanas que pasé con ella fueron dichosas. Recuperé mi espíritu de turista, y logré ver de nuevo con curiosidad todo cuanto me rodeaba. 

En la parte antigua Jerusalén tuvimos un paseo maravilloso con un amigo israelí que es guía de turistas, y habla un español que raya casi en lo perfecto. Primero recorrimos la Torre de David, uno de los complejos más visibles cuando se entra a la ciudad vieja por el lado de la Puerta de Yafo. Subimos al Monte del Templo, en donde actualmente se encuentran el Domo de la Roca, y la mezquita de Al-Aqsa, y ahí nos agarraron las lluvias intermitentes que no pararon a partir de ese momento hasta el otro día. Recorrimos el complejo arqueológico subterráneo conocido como la Ciudad de David. Comimos y tomamos café en el Barrio Judío, visitamos el Santo Sepulcro, y finalmente cerramos el día con el espectáculo de luces de regreso en la Torre de David, en impermeable... arrebujadas abajo de un paraguas. Pero el clima no nos venció, porque aún así encontramos el tiempo de ir al centro, y comernos una shawarma en un lugarcito que está en la intersección de la calle Ben Yehuda y Yafo.

La vista de la ciudad vieja desde la Torre de David
El complejo de la Torre de David
Columnas rotas, Monte del Templo





Nos enamoramos juntas del "Shuk" Mahane Yehuda, el mercado principal de la ciudad, en donde los colores, aromas y sabores se arremolinan por donde quiera que uno mire.

El "Shuk"



Nos dimos un tour por las calles de Tel Aviv. Caminamos desde la estación de tren de Arlozorov hasta la playa, admiramos el Mar Mediterráneo, y luego caminamos por el mercado de Carmel, parando para almorzar en un lugar muy bonito llamado The Streets, entre Ha'Neviim y King George, y luego de regreso a la estación. Este paseo, debo decir, me hizo reiterar de alguna manera que no hay mejor manera de conocer una ciudad que recorriendo sus calles a pie.

Entrada de coliflor
Pollo a la plancha y quinoa
Pa' rematar...
También visitamos Haifa. De Jerusalén tomamos el bus 480 a Tel Aviv, y de ahí el tren al norte, desde el cual tuvimos la vista ocasional de las ciudades costeras entre estos dos destinos. De la estación Haifa HaShmona caminamos hacia los jardines Bahai, y pese a que los he visto varias veces desde afuera, por primera vez entré. Es un lugar de inmensa belleza, donde resaltan la simetría y la sobria combinación de colores y formas. Todo ahí es simple y, sin embargo, ostentoso. 


Fauna local...



La vista del puerto desde la parte superior de los jardines







En Haifa almorzamos en un lugar muy popular llamado Fattoush, en la avenida Ben Gurión, que está justo abajo de los jardines. No sé si en todas estas ocasiones en que probamos la cocina local la comida me supo a gloria porque, de hecho, tuvimos la suerte de encontrar lugares muy buenos, o porque pude compartir esos momentos con mi madre, a quien hacía ya mucho quería traer a estas tierras, o por los niveles de hambre que ya teníamos en esos momentos. Tengo la sospecha de que fue una afortunada combinación de todos los factores mencionados.

Decoraciones del Fattoush

Ensalada de pollo y pan moreno, con cerveza Taybeh
Y ahora viene lo bueno... 

Finalmente, ¿qué aprendí de reencontrarme con la persona más importante en mi vida, y del hecho de tenerla por compañera de viaje por unas semanas?

No existe lo cotidiano
La fascinación es un derecho renovable.

Gracias, mamá, por recordármelo. <3


sábado, 6 de febrero de 2016

Algunas fotos antes de lo nuevo

He decidido que es mejor escribir cuando sienta que hay algo que decir, y no escribir porque "ya mero se acaba el mes". Actualmente estoy en el proceso de redacción de la crónica de la visita de mi madre a Israel, y las cosas que aprendí mientras (re)descubríamos este país juntas. La publicaré cuando esté lista. Mientras, algunas fotos que he tomado en las últimas semanas:

Una foto publicada por Ducel (@ducelariane) el

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