Por eso ella se llama Babel,
pues allí el Eterno creó
confusión de lenguas en la tierra
y de allí los dispersó a todos los rumbos.
Génesis 11:9
Desde hace ya como mes y medio estudio la lengua local. La
experiencia multilingüe del Ulpán, que es como se llama acá a las escuelas de
Hebreo, es impresionante. Tengo compañeros, en el mismo grupo, de Austria,
Alemania, Holanda, Inglaterra, Taiwán, Nepal, Sri Lanka, Corea, Estados Unidos,
México, Puerto Rico, Brasil, España, Suiza, Portugal, Polonia, Rumania, y probablemente
algún otro que se me escapa de la memoria. Lo curioso es que, siendo un curso
que se lleva a cabo a través de un método de traducción Inglés-Hebreo, varios
de nosotros —a excepción, claro, de aquellos cuya lengua nativa es el inglés—
estudiamos el Hebreo por medio de una segunda lengua, y no nuestra lengua
materna.
A veces pasa que, cuando un término no queda del todo claro
para los anglohablantes, nos auxiliamos comparando con otras de las lenguas que hablamos los alumnos. En algunos casos las estructuras del Hebreo
resultan más similares a las del Español, que a la del Inglés. Por ejemplo,
tanto en Hebreo como en Español no se cambia el orden de las palabras para
hacer una pregunta; se cambia sólo la entonación —y en el caso de lo
escrito, se agregan los signos interrogativos—.
Otro punto interesante, con respecto al Hebreo, en específico, es la profunda relación que tiene esta lengua con la historia, cultura y religión del Pueblo Judío. Me queda muy claro que esto no es algo exclusivo de este idioma, que podemos encontrar dicha característica en muchos otros, sin embargo, por ser —digamos— el revival de una lengua tan antigua, me encanta ir descubriendo todas estas conexiones "mágicas" entre palabras. Por ejemplo, no existe el verbo "ser" en presente: soy. Así que si uno dice Yo soy mujer, en realidad diría "Aní ishá": אני אישה: Yo mujer. ¿Por qué es esto? Porque sólo Dios "es". En cierto sentido sólo Él estaría admitido para usar el verbo en presente. También tenemos que la palabra para el color Rojo es "adóm": אָדוֹם, que está emparentado con "adám" אָדָם, que significa Hombre, hombre que está hecho de "dam" דָם, Sangre, y "adamá" אֲדָמָה, Tierra o Suelo.
Me gusta que la conexión entre el mundo, y cómo lo denominamos, diga tanto de quiénes somos, de dónde venimos. Somos las ramas que asoman en la punta de la Torre. Lo de menos es que hablemos muchas lenguas. Total: Babel ya fue superada hace mucho. No creo que todas las diferencias nos separen.