Quisiera poder escribir seria y objetivamente acerca de Medio Oriente; de todo lo que pasa acá sin que, de una forma directa, afectaran mis vínculos afectivos (o in-afectivos) con la gente que conozco en esta tierra, pero aún no llego a ese nivel de profesionalismo. Finalmente no soy periodista, y hasta en el más claro y objetivo ejercicio del periodismo, salta de cuando en cuando alguna línea que sale de las entrañas. ¿Alguna línea? Probablemente más que "alguna". No podemos evitar formar vínculos, ya sea románticos o envenenados con aquello que nos rodea. Finalmente, en todos los rangos que van desde el amor hasta el desprecio, nos anudamos con el objeto de tales sentimientos.
Vivo en un país de guerra silenciosa. Mi parte favorita de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en donde está el Kotel, mejor conocido como "El muro de los lamentos", y el Monte del Templo, en donde actualmente se encuentran la Cúpula Dorada y la mezquita de Al-Aqsa es, muy probablemente, una de las zonas más conflictivas de la tierra.
Vivo en un país de guerra silenciosa. Mi parte favorita de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en donde está el Kotel, mejor conocido como "El muro de los lamentos", y el Monte del Templo, en donde actualmente se encuentran la Cúpula Dorada y la mezquita de Al-Aqsa es, muy probablemente, una de las zonas más conflictivas de la tierra.
En las calles uno ve judíos y árabes caminando sobre las mismas aceras, y a diferencia de lo que usualmente los medios masivos hacen pensar, nadie está matando a nadie. Trabajan juntos, hacen negocios los unos con los otros, regularmente usan el mismo transporte; veces se relacionan en tratos cordiales y hasta amistades. Pero es imposible no notar los remanentes de un cierto rechazo que parece no salvarse ni por medio de la unidad cotidiana. Es raro ver que judíos y árabes vivan juntos: hay villas árabes y villas judías, y generalmente ambos bandos evitan meterse en las calles de los otros. Hay excepciones, pero en general funciona de esta manera.
La tensión entre los unos y los otros habla de una especie de miedo a lo que, confome avancen los "acuerdos", podría pasar con unos y con otros. Los israelís de derecha defienden la tierra, y el derecho del pueblo judío a estar aquí, por sus raíces ancestrales, por el hecho mismo de que los judíos nacieron aquí, en Judea y Jerusalén es, para ellos, el lugar más sagrado de la tierra. Estos son a los que regularmente se conoce como sionistas. Los de izquierda muestran un cierto desapego a estos conceptos, y se van más por las necesidades reales de los habitantes de esta tierra, sean israelís o palestinos. O al menos eso se supone. Muchos simplemente se denominan "de izquierda" porque ser de izquierda es ser cool, y porque ser un israelí-propalestina-quenohizoejército es todavía más cool bajo la mirada de la izquierda internacional. A estos mejor pensémoslos como izquierdistas de chocolate.
Muchos dicen que los palestinos son una invención, que no hay una historia palestina porque nunca hubo un pueblo palestino. Que son egipcios y sirios; que Jordania es la parte de la división que hizo el Mandato Británico en la primera mitad del siglo XX para la población árabe, y que es ahí donde pertenecen los árabes. Tienen un punto. Si uno busca las raíces del nombre "Palestina", se encontrará con que fue el nombre que los romanos le dieron a esta tierra para humillar a los judíos, ya que estos mismos, mucho tiempo atrás, habían sido derrotados por un pueblo de raíces griegas conocido por el nombre de "filisteos". A partir de ahí hubo conquistas al por mayor: árabes, cristianos. Hubo cruzadas: poblaciones entrando y saliendo, muriendo, migrando, etc. Pero también los árabes tienen un punto. Muchos de ellos (y entiéndase que hablo del ahora, de la población actual) también nacieron aquí. ¿Qué es lo que hace que uno pertenezca a una tierra? ¿El nacer ahí o el identificarse con ella? Los judíos de todo el mundo tienen el derecho a migrar aquí; el gobierno les paga el boleto y les da montones de facilidades para que se integren a la sociedad, incluyendo la ciudadanía inmediata. Muchos migran por deseos de progresar, para buscar un nuevo comienzo, y demás razones loables. Y si todos lo hicieran por estas mismas razones, no me parecería para nada mal. Pero también hay gente que, sin tener interés alguno en aportar algo, socialmente hablando, para la nación que los recibe, migran sólo para obtener beneficios. (1) Un árabe nacido dentro de Israel tendrá también la ciudadanía, por supuesto. Pero uno nacido dentro de estos territorios de "identidad en disputa" será una historia completamente diferente. Sin embargo, esos territorios, ¿son Israel o no? He ahí el asunto. Hay gente que dice: "Si quieren autonomía, que no pidan que Israel les de cosas como si fueran ciudadanos". Hay gente de ambos lados, que aboga por un solo estado utópico en el que judíos y árabes vivan juntos (Porque se ha probado que, al menos en un nivel muy básico, sí se puede. Yo misma lo he visto), pero entonces empiezan las paranoias acerca de qué pasará con las minorías de ambos lados. O peor aún: ¿Quiénes serían la minoría? ¿Quiénes tomarán el control? ¿Qué nacionalidad ostentarían? ¿Cómo afectaría ello a las identidades?
Hablemos un poco de minorías:
Los judíos ultraortodoxos dentro de Israel se caracterizan por vivir bajo una cerrazón casi estilo siglo XIX. Viven en colonias y ciudades propias, en donde todo lo que se ve alrededor es, básicamente, blanco y negro (por su modo de vestir, pues). Gran parte de ellos no trabaja. El gobierno los mantiene para que estudien Torá. No tienen que hacer ejército. Según me han dicho, mientras más hijos tienen, más jugoso es el cheque mensual. Aquí expreso opiniones que son meramente mías, y si ofendo a alguien, lo lamento, pero así lo veo yo: No hacen realmente nada que beneficie al país. El estudio de la religión no tiene por qué estar peleado con ser socialmente productivo (y activo). He convivido con ellos, y puedo decir que no me encantan, como grupo social al menos (Por supuesto que también entre ellos hay admirables excepciones). Son una minoría, sin embargo, sus números aumentan constantemente. Son malos para cooperar, pero buenísimos para protestar y enfrentarse a otros. Su ridículo conservadurismo (así lo llamo yo, no se lo tomen por concepto generalizado) no puede más que acarrear desastre para el país. (2)
| Mujeres ultra-ortodoxas de Bnei Brak |
Por otro lado, en la comunidad árabe hay simpatizantes por la causa israelí (vamos, no creo que uno se vaya a encontrar con frecuencia este término: "causa israelí" en contraste con el de "causa palestina", pero lo uso en términos prácticos). Hay árabes, tanto musulmanes como cristianos, que hacen ejército y expresan su voluntad de vivir del lado israelí, en caso de que el Estado se parta, y una nación árabe nazca aquí al lado. Porque, probablemente, sería sólo otra más. Otra nación árabe que, eventualmente, colapsaría en conflictos internos y choques entre grupos más, o menos religiosos, más, o menos extremistas. Pero estos simpatizantes son, por supuesto, también una minoría. La causa palestina es más seductora, tanto adentro del país, como afuera. Promete, al igual que el sionismo, una utopía revolucionaria que probablemente nunca (como cualquier utopía) llegará a concretarse. La corrupción y los intereses cruzados de los diferentes grupos políticos palestinos no van a dejar que eso pase. Ser la víctima tiene sus ventajas ($), y las verdaderas necesidades del pueblo palestino son la última prioridad de sus líderes.
Hay casos en que la identidad pareciera tener límites borrosos. Pienso mucho en los judíos mizrahíes: los que vienen de países árabes. Son judíos árabes, aunque a ellos mismos les dé escalofríos la parte de árabes. Es raro escuchar acerca de los miles de refugiados que llegaron a Israel después de que países como Irak, Irán, Siria, Yemen y Líbano los expulsaron luego de la derrota sufrida por el mundo árabe justo después de la fundación de Israel. Cuando la gente habla acerca del "régimen de ocupación", de los derechos de los habitantes originales, de que los judíos vuelvan a sus países de origen, etc., me gustaría saber cuál sería su solución para todos los mizrahíes (los expulsados que aún viven, y sus descendientes). ¿Mandarlos a sus países de origen? ¿Pedirle por favor a los gobiernos de todos estos países árabes que acepten de nuevo a "sus judíos"?
No hay absolutos. Los matices de religión, deber, ideología, raíces, y memorias históricas hacen de este conflicto un círculo vicioso. De ambos lados tienen puntos válidos, y de ambos lados tienen argumentos estúpidos.
¿De dónde somos? ¿A dónde pertenecemos?
(1) Es curioso que acá la conversión al judaísmo a veces es más un recurso de integración social, que un verdadero acto de fe. Si uno logra convertirse al judaísmo, recibe los beneficios ya mencionados de inmediato. Una persona no judía, sin embargo, deberá esperar bastante más tiempo, y atravesar muchos más trámites, para obtener la ciudadanía.
(2) También están los judíos seculares, e incluso los religiosos nacionalistas, que buscan el bienestar del país a toda costa. Trabajan y viven para ello. Son a los que podríamos denominar como "buenos ciudadanos". Y por supuesto, están aquellos (abundantes en cualquier país del mundo) a los que les vale madre.
Me encanta tu blog
ResponderBorrarDe pronto estoy equivocado, pero según entiendo la conversión al judaísmo ya estando en Israel no te otorga ningún beneficio, la ley ha cambiado para evitar que muchos inmigrantes ilegales se conviertan sólo para quedarse en Israel. Si se quieren tener los beneficios hay que convertirse en el exterior y emigrar a Israel haciendo Alia.
ResponderBorrarEn mi opinión algo que verdaderamente te ayuda a integrarte socialmente es el saber el idioma. Conozco muchos judíos que hicieron Alia hace varios años pero aún no hablan el idioma y les es difícil estar integrados en el trabajo y ascender en posiciones laborales.
Hola, Andrés. A mí me habían dicho algo similar, pero más bien en el sentido de que aquí uno no se puede convertir hasta tener cierto tiempo viviendo en el país, etc. Pero al parecer esto no es cierto. Conozco a varias personas que se han convertido aquí (proceso largo, por supuesto, como de 2 años) y han recibido todos los beneficios de la Aliyá, incluyendo la ayuda económica del gobierno, la ciudadanía y el Ulpán gratuito. Se también que es más bien complicado convertirse en otros países, ya que aunque uno lo haga por la ortodoxia, será dificil que aquí se lo reconozcan. Solo se reconoce para unos cuantos.
BorrarLo del hebreo, pues claro. Eso ayuda sea uno judío o no, siempre. La gente te aprecia más cuando te esfuerzas por hablar su idioma :)
Hola Ducel, gusto en leerte de nuevo.
ResponderBorrarMe parece excelente tu artículo, solo tengo dos comentarios:
1. El término en español "políticamente correcto" para referirse al "West Bank" es el de Cisjordania, aunque como seguro ya sabes, ba'aretz es más común denominarla Judea y Samaria.
2. El pueblo de origen griego al que te refieres es llamado los filisteos.
Respecto con tu comentario acerca de la corrupción de las facciones palestinas, te recomiendo el libro “Son of Hamas”, escrito por Mosab Hassan Yousef, hijo de uno de los fundadores de la organización terrorista, quien colaboró por casi 10 años con el Shin Bet y ayudó a frustrar decenas de atentados.
Este canal de YouTube contiene información que puedes encontrar interesante: http://www.youtube.com/user/coreygilshuster/videos
De ahí en fuera solo me queda felicitarte por tus contribuciones. Leerte me entusiasma muchísimo, ya que al igual que tú soy mexicano, y uno de mis más grandes deseos es habitar Eretz Yisrael.
Saludos Ducel, te mando un fuerte abrazo :)
Hola Victor, gracias por tus comentarios :)
BorrarEn respuesta:
1. Sé que el término que se usa en español es Cisjordania, pero de pronto me da por meter anglicismos que se oyen mucho por acá. Aún así agradezco la corrección.
2. En lo de los filisteos tienes razón, mezcle el término en inglés (philistine), así que eso lo corrijo.
Acerca de las corrupción en las facciones palestinas, es interesante que lo menciones, porque me basé precisamente en Hijo de Hamás :) Lo leí hace un par de meses. Es un libro muy interesante.
De nuevo, gracias por tus palabras. Una buena crítica siempre enriquece.