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viernes, 4 de julio de 2014

"The boys are dead"

El 12 de junio tres adolescentes israelíes fueron secuestrados cuando hacían hitchhiking -lo que nosotros llamaríamos aventón o ride- saliendo de su yeshivá en un asentamiento en Judea y Samaria/West Bank. Sus nombres eran Eyal Yifrach, de 19 años, Naftali Frenkel, de 16,  y Gilad Shaer, de 16. Desde el día en que desaparecieron, en todos lados, en todos los medios, sus nombres se repetían una y otra vez, asomándose en medio de diferentes teorías que sugerían su posible localización, y en qué momento iban a intentar intercambiarlos por prisioneros palestinos. Se decía que, por no haber prueba de lo contrario, se presumía que los chicos seguían con vida. El hashtag #BringBackOurBoys empezó a circular por las redes sociales, FB, Twitter, y demás. Desde un principio se acusó a Hamás, la organización terrorista, del secuestro. Se decía que los servicios de inteligencia tenían pruebas de ello.

Eyal Yifrach, Naftali Frenkel y Gilad Shaer

El primer ministro israelí señaló varias veces que estas eran las consecuencias del "gobierno de unidad" que surgió hace poco luego de la reconciliación de la Autoridad Palestina y la ya mencionada organización terrorista que gobierna Gaza. Las fotos de las madres desesperadas pidiendo justicia, las declaraciones oficiales, las opiniones de extrema derecha y de extrema izquierda: los unos usando términos como "terrorismo", "Israel golpeará a Hamás tan fuerte como se pueda", y los otros arguyendo que la culpa era, principalmente, de los colonos, culpa de la "ocupación", culpa de todos, y culpa de nadie. Los chicos secuestrados eran para unos un reflejo de que la opresión termina en tragedia, y para otros la prueba irrefutable de que Israel no tiene a nadie con quien negociar, porque no se puede negociar con gobiernos que aceptan actos de terror como "actos legítimos de resistencia".

Los días siguientes la mayor parte de las noticias hablaban de enfrentamientos entre soldados y civiles en villas aledañas al área de Hebrón, después en Yenin, y en otras áreas del West Bank. Cientos de casas fueron registradas. Cientos de palestinos fueron apresados, algunos de los cuales habían sido liberados en el intercambio de Gilad Schalit (un joven soldado al que mantuvieron cautivo por cinco años en Gaza) en 2011 por alrededor de un millar de prisioneros árabes de cárceles israelíes.

El 30 de junio Z llegó silencioso de la universidad. Creo que le pregunté si todo estaba bien. Me respondió: No, the boys are dead. Justo ese día encontraron los cuerpos de los tres chicos en un páramo abierto no muy lejos del área en la que fueron secuestrados. Al parecer, los asesinaron poco después de haberlos capturado. Y es que hace un par de días se liberó información estremecedora: uno de los chicos había logrado llamar a la policía, susurrando por lo bajo "Me tienen secuestrado". Luego se oyen gritos de los secuestradores ordenándoles que bajen la cabeza, luego lo que parecen ser disparos, y gritos de dolor. La persona que atiende la llamada sigue diciendo "Halo? Halo?". La policía pensó que se trataba de una broma de mal gusto y por eso no fue considerada cuando algunas horas después de la desaparición de los jóvenes, uno de los padres decidió denunciar los hechos. Algunos elementos de la policía fueron removidos de sus cargos por dicha negligencia. He aquí la grabación:





Luego de todo esto, la tensión estalló. 

El 1 de julio estaba en mi clase de hebreo, en el nuevo Ulpán en el que estudio, cerca de la calle Ben Yehuda, en el centro de la ciudad. Una chica llegó tarde, y empezó a decirle cosas a otra, hablando muy fuerte, como quejándose de algo. Se sentó justo atrás de mí y por alguna razón siguió hablando como si la clase fuera lo de menos. El profesor, entre bromista e incómodo, le hizo la observación de que "ya estábamos en clase", y yo no pude evitar dirigirle un par de miradas de desaprobación. Me quejé en español, con una compañera chilena: "Oye, esta vieja qué ruidosa. Carajo, si no le interesa la clase, que se salga." Un par más de compañeros, también árabes, llegaron después. En el receso alcancé a oír que uno de ellos le contaba al maestro, en un hebreo medio quebrado, que había algunos disturbios relacionados con los árabes, pero no entendí muy bien a qué se refería. Fue después, ya cuando regresaba a casa, que me enteré de que en el centro, muy cerca de donde yo estaba a esas horas, una protesta de judíos de ultraderecha se convirtió en un enfrentamiento entre civiles, y la policía tuvo que intervenir. Algunos jóvenes judíos, entre ellos religiosos ultraortodoxos, comenzaron a atacar árabes al azar tanto en las calles como en transporte público, mientras gritaban consignas como "Muerte a los árabes" y "¡Venganza!". El asunto se puso violento. Al otro día, para mi clase del 2 de julio, de un grupo de alrededor de 20 personas, en la que sólo somos 3 personas no-árabes, estuvimos presentes sólo 5. Yo mexicana, una argentina, una chilena y dos muchachos árabes.

A Mh lo conocí en mi escuela de hebreo anterior, y ahora nos seguimos viendo en la escuela a la que ambos nos cambiamos. Es un poco más alto que yo, moreno, de ojos grandes y cejas pobladas pero bien definidas. Tiene un acento muy marcado cuando habla inglés, y su hebreo siempre parece progresar más rápido que el de todos los demás. Pero ahora no estamos en el mismo grupo. Ya a punto de entrar a mi clase, y habiendo notado que él no había llegado, le mandé un mensaje diciéndole que la escuela estaba muy vacía, le preguntaba si sabía algo. Me dijo que sí, que los árabes estaban procurando no salir por lo que había pasado el día anterior. Tenía sentido. Pero luego él sí llegó a la clase.



Luego un muchacho palestino apareció muerto en algún bosque, y se dijo que era una venganza de colonos judíos por el asesinatos de los otros chicos. Algunos dicen que fue, más bien, un "crimen de honor" perpetrado por la propia familia del joven cuando se descubrió que era gay. Sea lo que haya sido, eso sólo sirvió para calentar más lo ánimos, y ahora mismo la situación se siente cada vez más tensa.

Ayer en la noche se comenzaron a oír ruidos como de pequeñas explosiones muy seguidas, como disparos. Había un helicóptero, o dos, o más, no sé cuantos, en la zona. Los carros se detenían tratando de evitar entrar en la villa árabe aledaña a donde yo vivo, esperando, como para asegurarse que se podía entrar. En algún lado dijeron que estaban aventando piedras a los carros. Que hubo intervención policíaca. Yo estaba recargada en el barandal del balcón, tomando vodka, y escuchando música en mi celular mientras observaba la situación. Las lucecitas de las decoraciones de Ramadán -como las que nosotros usamos en navidad-, parpadeaban en las casas que allá, lejos, se veían apenas en medio de tanta oscuridad.

Mh es todo un descubrimiento para mí. Mi primer contacto directo y honesto con un local no-judío en Israel. Platicamos con frecuencia y justo hoy teníamos planes de ir a ver el partido de Alemania contra Francia. Iba a pasar por mí a las 6:00 p.m., pero más de una persona me recomendó que cancelara. Él estaba reticente a ir a un bar al centro de Jerusalén, por miedo a las agresiones contra los árabes que pasaron recientemente. Íbamos a ir a Jerusalén Este, al área de Sheikh Jarrah, pero asuntos relacionados con las revueltas y el cierre de calles al final, y la insistencia de Z y mi amiga B de que "no es el mejor momento" me hicieron caer en cuenta de que tal vez, de hecho, no lo es. Mh entendió, y se fue a Tel Aviv a ver el partido con otros amigos suyos. Fue un tanto frustrante tener que quedarme en casa. No poder salir con mi amigo árabe, a las partes judías de la ciudad porque un montón de extremistas decidieron que todos los árabes son culpables de la muerte de los tres chicos, y no poder ir a la parte árabe, porque me estoy arriesgando, porque es verdad que sí hay un alza de violencia en esas áreas, y porque ahí también un montón de extremistas creen que todos los otros son los culpables de todas las desgracias. Sobra decir que no creo que ahora mismo los foráneos sean muy bienvenidos. Dicen que todos estos son augurios del inicio de la tercera intifada. Pero aquí la hostilidad no es cosa nueva. No ha parado nunca. A veces parece tomarse vacaciones, pero nunca se va del todo. Así van, más o menos, como dos mil años.

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