Ya estoy de vuelta en Israel. Tengo que decir que el viaje me ha sentado muy bien. Como lo dije en un post pasado, siento que ahora soy una versión más feliz y más libre de mí misma. No sé exactamente cómo sucedió, pero en algún punto entre estar en México y regresar a Israel tuve un par de revelaciones con respecto a la paciencia, la amistad, la tolerancia, y la aceptación de uno mismo. ¿En qué orden? De nuevo no lo sé. No sé ni exactamente de dónde salió cada una, pero sé que llegué más consciente de que he sido, y soy, una persona afortunada. Tengo una vida feliz.
Hablemos un poco del proceso.
Mi amiga Bárbara me pidió que de regreso de México me llevara a su perrito chihuahua que se había quedado allá cuando ella también, sin ser judía como yo, migró a Israel. El susodicho, de nombre Hércules, se fue a quedar conmigo a mi casa, durante las dos últimas semanas de mi tiempo en México. Pensé que tener un perro, aunque fuera sólo por unos días me iba a descuadrar, pero no. Nos acomodamos muy bien, porque este individuo resultó ser uno muy educado e inteligente, y aunque demandante de cariño, como buen chihuahueño, me ayudó a darme cuenta de que dar amor, de cualquier modo, a una persona, a una flor, a una mascota, o a un proyecto, es no solo deseable, sino necesario para llevar una vida feliz.
Dentro de un par de semanas empiezo otro nivel de hebreo, ya con miras de llegar a la fluidez en el idioma y que deje de ser un impedimento para desenvolverme aquí como cualquier otra persona. Decidí dejar el árabe para después. Un idioma al a vez, para que amarre. Debo de seguir cultivando la paciencia para bien.
Aunque esta entrada sea breve, no quería terminar el mes con tres líneas solamente. Era importante para mí recalcar el hecho de que descubrí, después de un largo viaje, que soy feliz. Y aunque sé que la felicidad no puede ser una línea recta, sé que fue entre la línea de regreso de México a Israel que encontré la fórmula para mantener una constante de bienestar que no había experimentado nunca antes. Estoy leyendo Juego de Tronos (así, en español) y disfrutando del paisaje jerusalenesco cada vez que salgo de mi casa. Me siento bien, amigos. Espero que eso logre reflejarse en mis próximas entradas...
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