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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Recuento atrasado de noviembre

Hace relativamente poco retomé el vicio malsano de preguntarme qué estoy haciendo con mi vida. Me percarto, sin embargo, pese a todos los esfuerzos de mi enorme ego, que no es raro que personas en sus veintitantos se conflictúen con esta clase de ideas. Mi caso es común. Y aunque el período de tratar-de-vivir-sólo-el-presente me ha durado más de lo que esperaba, la cercanía del cumpleaños número 27 me ha hecho mirar un poco hacia atrás, y luego un poco hacia adelante.

El 9 de agosto de 2010, sentada en "las Islas" de la Facultad de Filosofía y de Letras, en Ciudad Universitaria, tomé la decisión de irme a Israel. Eso, o la decisión me tomó a mí, por sorpresa, casi como si me hubiera estado acechando desde hacía tiempo. Estaba con varios de mis compañeros, hablando de cosas que ya no recuerdo nada, y de pronto me dije a mí misma: "me voy a Israel". Poco más de dos años después de eso ya estaba acá, todavía un poco desorientada por la rapidez del proceso. Llegué como aupair-estudiante; después de seis meses me transformé  en una regordeta migrante que comenzó a estudiar hebreo además del curso para enseñar español que originalmente vino a estudiar. Ahora tengo mi propia empresa de limpieza de la cual soy la dueña y la única trabajadora; doy clases de español a un chico francés de 14 años, y de cuando en cuando funjo también como niñera. Me pagué mi último viaje a México, y he logrado mantener ingresos que para la media salarial en Israel, no están nada mal (y más para alguien que no tiene turnos agobiantes en un trabajo de sueldo mínimo). Mi vida en Israel, como expatriada, es bastante interesante. Sin embargo

...hace poco me deprimí. Mi TOC explotó, ideas oscuras empezaron a rondarme la cabeza, y me di cuenta de que, pese a todo, sigo siendo vulnerable. Que todo el teatro de sentirme como la Mujer Maravilla no es sostenible a largo plazo, y de que... está bien sentirse como el culo de vez en cuando. Es imposible mantener una vida digna de Instagram sin perder la cabeza. Todo ese romanticismo que ronda la idea de viajar, o de ser expatriado en un lugar "exótico" de pronto se vuelve tan frágil que se quiebra a la primera crisis mayor. Y esta no es la primera crisis mayor que tengo acá. No es ningún secreto que ya viviendo en Jerusalén busqué ayuda psicológica y psiquiátrica, y que regresé a la siempre fiel fluoxetina, con quien ya había tenido encuentros en otras etapas de mi vida en México. Hace un par de meses decidí bajarme la dosis, porque "al cabo ya estoy mejor". Luego la dejé por completo. Ajá... Heme aquí de regreso a sus brazos, y sin planes de alejarme de ella hasta que reciba el consejo de un profesional sobre qué es lo mejor para mí. Y voy a hacer énfasis en lo que ya dije más arriba: Está bien no estar bien. La vida no es como en las fotos de Facebook, e Instagram, en donde lo que vemos como realidad es la toma número 4429342 en donde por fin logramos que se reflejara la luz de la manera correcta, o en donde finalmente encontramos una pose que nos haga ver heróicos, radiantes y felices. La vida es, más bien, como las fotos de rollo, en donde uno nunca sabía cuál iba a ser el resultado, y precisamente en la sorpresa había algo de excitante.

Sí, viajar, o mudarse ya sea temporal o permanentemente es, en efecto, una gran manera de conocer el mundo y (retomando un "cliché de viajeros") de encontrarse a uno mismo. Pero cuidado, porque no todo lo que se encuentra es maravilloso. A veces también pasa que uno se empapa de odios y miserias ajenas, y se descubre deseando regresar al punto de origen en donde las esperanzas previas al viaje eran mucho más prometedoras. A veces uno se siente más idiota, más vacío. Y eso, también está bien. Porque la idea de que siempre tenemos que regresar de un viaje (especialmente si es a lugares como Medio Oriente, o la India, o países del sur de Asia) como seres más sabios e iluminados es basura. De vez en cuando el aprendizaje también llega por las malas.

Acá en Israel la situación se ha tensado mucho con la ola de ataques que desde hace varias semanas se han vuelto el pan nuestro de cada día; a muchos les ha dado por llamarlo "La intifada de los cuchillos". El asesinato de Eitam y Naama Henkin enfrente de sus hijos, por militantes de Hamás fue el inicio de una ola de violencia que no ha parado hasta ahora. Luego, por ejemplo, en dos ataques separados, uno en Tel Aviv, y uno en el área de Gush Etzion fueron asesinadas cinco personas. Todo esto, por supuesto, a la sombra de los ataques de París, que pusieron al mundo en shock. Pero con el paso de los días y el número en aumento de ataques, aquí y allá, cada vez oímos más cifras y menos nombres. La vida, sin embargo, sigue.


1 comentario:

  1. Hola! me alegra mucho haber encontrado tu blog, lo vi en los comentarios de un blog sobre como conseguir la visa para Israel y me preguntaba si tu podias ayudarme u horientarme no tienes algún correo o Facebook donde me pueda comunicar contigo? espero tu respuesta.

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