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sábado, 10 de septiembre de 2016

4 años en Israel

(Post publicado en mi muro de Facebook el 8 de septiembre)


Hace cuatro días cumplí cuatro años viviendo en Israel. Cuatro años de perderme en una multitud de identidades, creencias, nacionalismos y conflictos que me eran ajenos, pero que ya no tanto. Cuatro años de empezar a auto-presionarme para hablar una lengua tan distante, tan extraña, y que aún hoy me saca corajes con sus erres guturales impronunciables que acabé por hispanizar. De hacer amigos judíos, musulmanes, cristianos, y apóstatas salidos de cada variante. De caminar por lugares santos, y lugares profanos. Jodidos o espléndidos. De escuchar historias (de los los labios de sus protagonistas) de víctimas del odio, y de victimarios. Pero también cuatro años de aprender que usualmente la gente es buena. O al menos la gente que aprende que «el otro» es más o menos lo mismo que «uno mismo». De recibir mucha hospitalidad, mucha ayuda, y de admirarme con la solidaridad de personas de todas las religiones y orígenes, y con sus historias de hermandad y amor que rara vez llegan a las noticias internacionales. Y finalmente, y lo mejor, cuatro años de reírme mucho de la vida, y de mí misma; de salirme de mis propios lugares comunes.

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