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martes, 10 de marzo de 2026

Volver... לחזור

Ha pasado tanto desde la última vez que escribí en este blog... Tratar de ponerme al día con todas las oportunidades perdidas para escribir sobre el mundo  (y sobre mi propio mundo) se sentiría demasiado forzado. Pero puedo resumir algunos hitos:

  • Obtuve por fin la ciudadanía en 2020, justo en medio de la pandemia, la que provocó que estuviera cerca de año y medio sin trabajar.

  • Me convertí en ultracorredora (a la fecha he terminado montones de 50K, varios 100K y hasta un 100M).

  • Mi madre vino a Israel otras dos veces; la última de ellas fue en 2022.

  • Me tocó vivir el 7 de octubre de 2023 aquí, y ver cómo eso cambió el curso de nuestras vidas para siempre.

  • Justo después del 7 de octubre, pasé 43 días en Atenas con la sensación de que ya no habría un Israel al cual regresar; con miedo a hablar hebreo en las calles, con miedo al "otro".

  • Mi madre murió a finales de 2024, lo que precipitó mi primer viaje a México en diez años. Mi marido me acompañó y experimenté mi país de origen como nunca antes: a través de una ventana empañada por una tristeza desconocida, pero sintiéndome, al mismo tiempo, apapachada por esa patria que tanto extrañaba.

  • Comencé terapia, algo que ya era muy necesario.

  • Mi hija nació justo un año después de la muerte de mi madre.

Y heme aquí, en medio de la segunda ronda de guerra con la República Islámica de Irán, pensando que nunca debí haber dejado de escribir en este blog y que nunca debí haberlo cerrado al público.

No recuerdo con claridad todo lo que escribí, pero puedo decir que, aunque existe la posibilidad de que ya no piense exactamente como hace diez años (sí, la última entrada es de 2017, pero las últimas "serias" son de 2016), no voy a ocultar ni a cambiar nada.

Ahora, con la dichosa inteligencia artificial y los LLMs, siento que he perdido parte de mi capacidad para redactar mis propias ideas; así que reinauguro este blog, más que nada, para contarme a mí misma las cosas que a veces me cuesta decir en voz alta sin un lector hipotético. Si alguien se cruza con este espacio y se anima a leerlo, pues bien. Y si no, no pasa nada.

jueves, 19 de enero de 2017

Borradores Ex-Patria



Borrador del 18 de julio de 2016:

Tiene ya un buen tiempo que no me siento inspirada a escribir en este blog. La razón principal es la
falta de confianza en mis propias palabras. Siento que nunca digo nada, o que lo que digo se queda a medias porque mi escritura siempre se siente huevona. Cuando me animo a echarle un ojo a mis antiguos posts siempre me quedo con la sensación amarga de que escribir nunca se me ha dado, y eso me recuerda que a mis 27 años sigo sin saber exactamente qué es 


Desde niña siempre quise aprender de todo. Tuve muchas vocaciones diferentes, como suele sucedernos a todos en la infancia (supongo): Quise ser paleontóloga, egiptóloga, géologa, astrofísica, fotógrafa, pintora, escritora, violinista, diseñadora, actriz, y así la lista continúa. Leí, estudié y tomé clases de todo. Estudié una carrera universitaria con la que nunca me sentí particularmente vinculada, y al final el suceso más relevante de mi vida fue el tomar la decisión de irme de México. Aunque el dejar a México no era la idea principal. La idea (principal) era venir a Israel, vivir en Israel, y así entender por qué tenía tantas ganas de hacerlo.


Y bueno... sigo con tanta hueva de escribir.


Borrador del 3 de noviembre de 2016:

 Este año he dejado este blog de lado más por pereza que por ninguna otra razón. Es la verdad. A veces siento que mi escritura está hueca y que, a final de cuentas, sólo me leo yo misma. Y si de leerme a mí misma se trata, en vez de leerme, platico conmigo. Me digo cosas yo sola en mis caminatas al trabajo, o qué se yo. Pero hoy, sin tener ninguna razón en particular muy clara, he decidido volver a escribir con la esperanza de tener algo que decir.

Y he decidido que voy a mostrar mi vida de los últimos meses por medio de las fotos que he tomado. Hace poco por fin logré comprarme la Canon EOS 6D, con el lente Sigma 35mm. f/1.4


Borrador del 4 de noviembre de 2016:


Nunca sé cómo empezar un texto. 

Vivo en una de las zonas más interesantes del mundo, qué más ruido hace en las noticias internacionales, en la cuna de la civilización, y el origen de al menos dos de las tres religiones abrahámicas. Pero cuando me siento frente a la pantalla con el cursor parpadeando me siento vacía de palabras al respecto. Si decido cambiar a la pluma y el papel, termino haciendo dibujos, escribiendo insultos para entes invisibles, y procedo a desentenderme de todo. Han pasado meses desde la última vez que le dediqué tiempo serio a este blog, y pese a que sé que muy poca gente me lee, me siento un poco culpable y un mucho miserable. Si no me faltan cosas que decir cuando hablo, ¿por qué siempre me faltan cuando escribo?

Pero hay que empezar por algo.


Bien, pues voy a empezar por platicarles en dónde vivo.

Mi vecindario se llama Armón Ha-Natzív, también conocido como Talpiót Mizráj. Es un vecindario callado, repleto de gente que 


Borrador del 19 de enero de 2017:

Mi madre vino a Israel otra vez. Del 20 de diciembre al 10 de enero volví a tenerla aquí conmigo, y visitamos muchos lugares que nos faltaron la vez anterior, incluyendo uno de mis sitios favoritos: Masada; y las bellísimas ruinas de Séforis, una antigua ciudad romana, que se encuentran cerca de Nazaret (también por ahí anduvimos, por cierto).

En julio del año pasado recibí mi residencia. Mis probabilidades de encontrar empleo mejoraron grandemente, porque aunque ya tenía permiso de trabajar,


domingo, 20 de noviembre de 2016

Morir joven

A nadie le importan las memorias de una desconocida sin trascendencia y con nombre raro. Y peor aún, memorias mochas, mal-armadas, de escritura floja y narración casual. Ni aunque sean memorias vividas en el centro del mundo.

By http://maps.bpl.org [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons
Y como a nadie (ni a mí misma) van dirigidas, pues viene una:

Hoy iba en el bus, línea 18 de Egged, del centro de Jerusalén hacia la Colonia Alemana. Cuando me subí decidí cambiar la rutina de ignorar al nahág (chofer) al pasar la tarjeta del transporte por la maquinita: le dije "hola" y le sonreí. El señor me dijo "gracias". Nunca entendí si fueron gracias por saludarlo, o gracias por pasar la tarjeta, cosa que todo mundo hace, y no me parece que a todos les den las gracias por eso.

En cierta parte del camino una caregiver filipina intentaba subir a una mujer muy anciana en silla de ruedas por una de las puertas traseras del bus. En esta parte del vehículo hay una rampa que puede jalarse para hacer más sencillo el acceso de sillas de ruedas y carreolas. El chofer paró de lleno el bus, y vino a la parte trasera para ayudar a desdoblar la rampa (cosa que yo nunca antes había visto a un chofer hacer). El asunto fue que estábamos en la parte de la parada en donde hay tubos metálicos rellenos de concreto (por eso de que a alguno que otro loco le da por aventarle el carro a los peatones con la esperanza de que los balazos que recibirá a continuación por parte del policía más cercano lo lleven bien rápido a encontrarse con sus 72 vírgenes), y la rampa no podía desdoblarse por completo. El chofer volvió a su asiento y encendió el motor de nuevo. El bus se movió y yo, un tanto indiferente, asumí que la cuidadora filipina y la anciana iban a tener que esperar por el siguiente bus. Pero el chofer paró de nuevo, más adelante, cuando ya habíamos pasado los tubos. Volvió a la parte trasera del bus, desdobló la rampa del suelo, y ayudó a subir a la mujer. Entre él y la cuidadora le pusieron los cinturones de seguridad asignados para sillas de ruedas. Nadie se mostró molesto o impaciente por los minutos que se nos fueron en lo que todo eso pasaba. Don chofer regresó a su asiento y el bus prosiguió su marcha.

La mujer vieja (y se veía de verdad, muy, muy vieja) tenía la mirada perdida, balbuceaba, y hasta gritaba de cuando en cuando. La cuidadora le dio una bolita de falafel en la boca que masticó casi en automático. Yo no quería verla pero no podía dejar de hacerlo. La señora estaba ahí y no estaba más. Me pregunté quién habría sido cuando sí estaba. Cómo habría sido de joven, de niña, si tendría hijos. Llegué a mi destino y me bajé. Caminé pensando en que morir joven no suena tan mal como lo pintan.



sábado, 10 de septiembre de 2016

4 años en Israel

(Post publicado en mi muro de Facebook el 8 de septiembre)


Hace cuatro días cumplí cuatro años viviendo en Israel. Cuatro años de perderme en una multitud de identidades, creencias, nacionalismos y conflictos que me eran ajenos, pero que ya no tanto. Cuatro años de empezar a auto-presionarme para hablar una lengua tan distante, tan extraña, y que aún hoy me saca corajes con sus erres guturales impronunciables que acabé por hispanizar. De hacer amigos judíos, musulmanes, cristianos, y apóstatas salidos de cada variante. De caminar por lugares santos, y lugares profanos. Jodidos o espléndidos. De escuchar historias (de los los labios de sus protagonistas) de víctimas del odio, y de victimarios. Pero también cuatro años de aprender que usualmente la gente es buena. O al menos la gente que aprende que «el otro» es más o menos lo mismo que «uno mismo». De recibir mucha hospitalidad, mucha ayuda, y de admirarme con la solidaridad de personas de todas las religiones y orígenes, y con sus historias de hermandad y amor que rara vez llegan a las noticias internacionales. Y finalmente, y lo mejor, cuatro años de reírme mucho de la vida, y de mí misma; de salirme de mis propios lugares comunes.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Lo que se aprende de los reencuentros

A mediados del año pasado me surgió la idea de que, tal vez, invitar a mi madre a pasar unos días a Israel no era, después de todo, tan descabellado. Siempre me repetí hasta el cansancio que el momento adecuado llegaría sólo cuando ya tuviera un lugar propio en donde ella pudiera quedarse conmigo. Porque, si bien el viaje no es de lo más caro (si se piensa en shekels), las tarifas de hoteles en Israel pueden no ser de lo más amigables para el bolsillo del que viaja con un presupuesto limitado.

Ya había considerado la posibilidad de un short time rental, pero no me había tomado el tiempo para investigar detenidamente cuáles eran las opciones. Fue entonces cuando navegando por Airbnb, encontré a una mujer que rentaba un cuarto con entrada independiente y baño privado a un precio bastante accesible. Sorpresa: resultó estar en la misma calle en la que yo vivo. Esa fue la señal definitiva de que, aunque aún no llego a mis condiciones ideales de vida por acá, era el momento de empezar a planear el primer viaje trasatlántico de mamá. Creo que esa fue la primera lección que esta experiencia me dejó: A veces aspiramos a un momento ideal que cumpla con una serie de condiciones específicas

Así pues, le escribí a la dueña del cuarto, y me permitió pasar a visitarlo. Me gustó de inmediato y le conté la historia de cómo, así tan casualmente, había descubierto que vivíamos en la misma calle y que eso sería ideal para hospedar a mi madre, por cuestiones prácticas. La señora fue de lo más amable. Después de discutirlo con mamá, decidimos que diciembre sería el tiempo correcto, y luego de cazar una buena oferta en British Airways (que al final resultó ser de Iberia) corrí a hacer la reserva del lugar. La dueña me dijo que no tendría que haberme apurado, porque ella nunca le hubiera dado esas fechas a alguien más sin consultármelo primero. Lindo de su parte, sin duda, pero fue una vez que tuvimos boleto y reserva que mi alma pudo, al fin, disfrutar de un momento de paz. Esto fue en junio de 2015. Ahora sólo quedaba, bueno, pues... esperar.

Fueron meses en los que tuve una gran cantidad de emociones. Planear y "desplanear" mil veces los lugares a los que llevaría o no a mi madre. La cantidad de trabajo que tomaría (o no) mientras ella estuviera aquí, la organización del tiempo, de los gastos, y sobretodo, pensar y pensar en cómo sería tenerla, por primera vez, en este país que me ha cambiado tanto. ¿Qué pensaría una de las personas más importantes en mi vida de este lugar tan trascendental? Casi como si presentar a mi madre con Israel se tratara de la introducción de dos personas, y no de persona y tierra.

Finalmente, a finales de diciembre de 2015, fui a recibirla al aeropuerto. Cuando la vi entrar, empujando el carrito donde llevaba las maletas, fue un momento realmente emocionante. Y a partir de ahí, comenzaron tres semanas que me marcaron en muchos sentidos. En primera, tener a mi madre viviendo tan cerca de mí, como vecina, me ayudó a darme cuenta de qué bien se siente la cercanía física con los seres amados. El mundo virtual es, ciertamente, un buen "suplemento", pero no supera la dicha de tener un almuerzo, una cerveza o una buena taza de café con la persona querida.

Las semanas que pasé con ella fueron dichosas. Recuperé mi espíritu de turista, y logré ver de nuevo con curiosidad todo cuanto me rodeaba. 

En la parte antigua Jerusalén tuvimos un paseo maravilloso con un amigo israelí que es guía de turistas, y habla un español que raya casi en lo perfecto. Primero recorrimos la Torre de David, uno de los complejos más visibles cuando se entra a la ciudad vieja por el lado de la Puerta de Yafo. Subimos al Monte del Templo, en donde actualmente se encuentran el Domo de la Roca, y la mezquita de Al-Aqsa, y ahí nos agarraron las lluvias intermitentes que no pararon a partir de ese momento hasta el otro día. Recorrimos el complejo arqueológico subterráneo conocido como la Ciudad de David. Comimos y tomamos café en el Barrio Judío, visitamos el Santo Sepulcro, y finalmente cerramos el día con el espectáculo de luces de regreso en la Torre de David, en impermeable... arrebujadas abajo de un paraguas. Pero el clima no nos venció, porque aún así encontramos el tiempo de ir al centro, y comernos una shawarma en un lugarcito que está en la intersección de la calle Ben Yehuda y Yafo.

La vista de la ciudad vieja desde la Torre de David
El complejo de la Torre de David
Columnas rotas, Monte del Templo





Nos enamoramos juntas del "Shuk" Mahane Yehuda, el mercado principal de la ciudad, en donde los colores, aromas y sabores se arremolinan por donde quiera que uno mire.

El "Shuk"



Nos dimos un tour por las calles de Tel Aviv. Caminamos desde la estación de tren de Arlozorov hasta la playa, admiramos el Mar Mediterráneo, y luego caminamos por el mercado de Carmel, parando para almorzar en un lugar muy bonito llamado The Streets, entre Ha'Neviim y King George, y luego de regreso a la estación. Este paseo, debo decir, me hizo reiterar de alguna manera que no hay mejor manera de conocer una ciudad que recorriendo sus calles a pie.

Entrada de coliflor
Pollo a la plancha y quinoa
Pa' rematar...
También visitamos Haifa. De Jerusalén tomamos el bus 480 a Tel Aviv, y de ahí el tren al norte, desde el cual tuvimos la vista ocasional de las ciudades costeras entre estos dos destinos. De la estación Haifa HaShmona caminamos hacia los jardines Bahai, y pese a que los he visto varias veces desde afuera, por primera vez entré. Es un lugar de inmensa belleza, donde resaltan la simetría y la sobria combinación de colores y formas. Todo ahí es simple y, sin embargo, ostentoso. 


Fauna local...



La vista del puerto desde la parte superior de los jardines







En Haifa almorzamos en un lugar muy popular llamado Fattoush, en la avenida Ben Gurión, que está justo abajo de los jardines. No sé si en todas estas ocasiones en que probamos la cocina local la comida me supo a gloria porque, de hecho, tuvimos la suerte de encontrar lugares muy buenos, o porque pude compartir esos momentos con mi madre, a quien hacía ya mucho quería traer a estas tierras, o por los niveles de hambre que ya teníamos en esos momentos. Tengo la sospecha de que fue una afortunada combinación de todos los factores mencionados.

Decoraciones del Fattoush

Ensalada de pollo y pan moreno, con cerveza Taybeh
Y ahora viene lo bueno... 

Finalmente, ¿qué aprendí de reencontrarme con la persona más importante en mi vida, y del hecho de tenerla por compañera de viaje por unas semanas?

No existe lo cotidiano
La fascinación es un derecho renovable.

Gracias, mamá, por recordármelo. <3


sábado, 6 de febrero de 2016

Algunas fotos antes de lo nuevo

He decidido que es mejor escribir cuando sienta que hay algo que decir, y no escribir porque "ya mero se acaba el mes". Actualmente estoy en el proceso de redacción de la crónica de la visita de mi madre a Israel, y las cosas que aprendí mientras (re)descubríamos este país juntas. La publicaré cuando esté lista. Mientras, algunas fotos que he tomado en las últimas semanas:

Una foto publicada por Ducel (@ducelariane) el

Una foto publicada por Ducel (@ducelariane) el

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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Recuento atrasado de noviembre

Hace relativamente poco retomé el vicio malsano de preguntarme qué estoy haciendo con mi vida. Me percarto, sin embargo, pese a todos los esfuerzos de mi enorme ego, que no es raro que personas en sus veintitantos se conflictúen con esta clase de ideas. Mi caso es común. Y aunque el período de tratar-de-vivir-sólo-el-presente me ha durado más de lo que esperaba, la cercanía del cumpleaños número 27 me ha hecho mirar un poco hacia atrás, y luego un poco hacia adelante.

El 9 de agosto de 2010, sentada en "las Islas" de la Facultad de Filosofía y de Letras, en Ciudad Universitaria, tomé la decisión de irme a Israel. Eso, o la decisión me tomó a mí, por sorpresa, casi como si me hubiera estado acechando desde hacía tiempo. Estaba con varios de mis compañeros, hablando de cosas que ya no recuerdo nada, y de pronto me dije a mí misma: "me voy a Israel". Poco más de dos años después de eso ya estaba acá, todavía un poco desorientada por la rapidez del proceso. Llegué como aupair-estudiante; después de seis meses me transformé  en una regordeta migrante que comenzó a estudiar hebreo además del curso para enseñar español que originalmente vino a estudiar. Ahora tengo mi propia empresa de limpieza de la cual soy la dueña y la única trabajadora; doy clases de español a un chico francés de 14 años, y de cuando en cuando funjo también como niñera. Me pagué mi último viaje a México, y he logrado mantener ingresos que para la media salarial en Israel, no están nada mal (y más para alguien que no tiene turnos agobiantes en un trabajo de sueldo mínimo). Mi vida en Israel, como expatriada, es bastante interesante. Sin embargo

...hace poco me deprimí. Mi TOC explotó, ideas oscuras empezaron a rondarme la cabeza, y me di cuenta de que, pese a todo, sigo siendo vulnerable. Que todo el teatro de sentirme como la Mujer Maravilla no es sostenible a largo plazo, y de que... está bien sentirse como el culo de vez en cuando. Es imposible mantener una vida digna de Instagram sin perder la cabeza. Todo ese romanticismo que ronda la idea de viajar, o de ser expatriado en un lugar "exótico" de pronto se vuelve tan frágil que se quiebra a la primera crisis mayor. Y esta no es la primera crisis mayor que tengo acá. No es ningún secreto que ya viviendo en Jerusalén busqué ayuda psicológica y psiquiátrica, y que regresé a la siempre fiel fluoxetina, con quien ya había tenido encuentros en otras etapas de mi vida en México. Hace un par de meses decidí bajarme la dosis, porque "al cabo ya estoy mejor". Luego la dejé por completo. Ajá... Heme aquí de regreso a sus brazos, y sin planes de alejarme de ella hasta que reciba el consejo de un profesional sobre qué es lo mejor para mí. Y voy a hacer énfasis en lo que ya dije más arriba: Está bien no estar bien. La vida no es como en las fotos de Facebook, e Instagram, en donde lo que vemos como realidad es la toma número 4429342 en donde por fin logramos que se reflejara la luz de la manera correcta, o en donde finalmente encontramos una pose que nos haga ver heróicos, radiantes y felices. La vida es, más bien, como las fotos de rollo, en donde uno nunca sabía cuál iba a ser el resultado, y precisamente en la sorpresa había algo de excitante.

Sí, viajar, o mudarse ya sea temporal o permanentemente es, en efecto, una gran manera de conocer el mundo y (retomando un "cliché de viajeros") de encontrarse a uno mismo. Pero cuidado, porque no todo lo que se encuentra es maravilloso. A veces también pasa que uno se empapa de odios y miserias ajenas, y se descubre deseando regresar al punto de origen en donde las esperanzas previas al viaje eran mucho más prometedoras. A veces uno se siente más idiota, más vacío. Y eso, también está bien. Porque la idea de que siempre tenemos que regresar de un viaje (especialmente si es a lugares como Medio Oriente, o la India, o países del sur de Asia) como seres más sabios e iluminados es basura. De vez en cuando el aprendizaje también llega por las malas.

Acá en Israel la situación se ha tensado mucho con la ola de ataques que desde hace varias semanas se han vuelto el pan nuestro de cada día; a muchos les ha dado por llamarlo "La intifada de los cuchillos". El asesinato de Eitam y Naama Henkin enfrente de sus hijos, por militantes de Hamás fue el inicio de una ola de violencia que no ha parado hasta ahora. Luego, por ejemplo, en dos ataques separados, uno en Tel Aviv, y uno en el área de Gush Etzion fueron asesinadas cinco personas. Todo esto, por supuesto, a la sombra de los ataques de París, que pusieron al mundo en shock. Pero con el paso de los días y el número en aumento de ataques, aquí y allá, cada vez oímos más cifras y menos nombres. La vida, sin embargo, sigue.


martes, 13 de octubre de 2015

La importancia de las crónicas no solicitadas

La moneda

Tengo una moneda romana del periodo de los emperadores ilirios. Tardé bastante tiempo en entenderla, y ahora, parece conectarse con todo lo que está sucediendo en mi vida de una manera más directa que cualquier otro objeto que ahora posea.
La conseguí hace poco más de un año en una tienda de antigüedades de la ciudad vieja de Jerusalén, cuando entré a curiosear con un amigo mexicano que recién acababa de llegar a la ciudad para hacer su maestría. La moneda fue un regalo suyo de agradecimiento por la ayuda brindada en los preparativos de su viaje. Pues vamos, que el vendedor me dijo que era el periodo del emperador Juliano, que gobernó del 361 al 363, año de su muerte. Me dio certificado de autenticidad y todo. Aunque los certificados que le dan a uno en la ciudad vieja son escritos con bolígrafo en cartones pre-hechos con el logo de la tienda. La moneda no costó gran cosa, así que no sería una tragedia tan terrible si resultara ser falsa. Aún así, busqué en varias páginas de numismática antigua y caí en cuenta de que mi moneda no se parecía en nada a las Juliano. Ni el anverso ni el reverso, ni las inscripciones, ni el emperador mismo. ¿Sería falsa, como me lo había sospechado? ¿O el vendedor se habría equivocado de emperador? Luego de un tiempo de investigar, decidí dejarlo por la paz. No era tan importante como para quitarme el sueño. Y ahí estuvo la moneda, en su pequeña cajita, como un adorno de escritorio más, hasta hace unos días.

Decidí darle otra oportunidad a la curiosidad, y comencé a investigar de nuevo. Me guié por las inscripciones que, por suerte, no están tan borrosas como para no darse una idea de lo que dicen.
En el anverso, alrededor del perfil del emperador se lee: IMP C AVRELIA y más difuminado, pero casi obvio: NVS. Luego otras letras que ya están muy borrosas. En el reverso tenemos RESTITVT OR . BIS, alrededor de dos figuras: una recargada en un bastón, con una mano extendida en señal de dádiva (¿o recibimiento?); y la otra levantando lo que parece ser una corona de olivos; bajo sus manos hay algo que asemeja una estrella o un sol. En la parte baja de la moneda (en numismática denominada exergue) hay dos símbolos parecidos una K y lo que inicialmente me pareció una X, pero resulta ser una A, según lo que corroboré en este sitio: http://www.beastcoins.com/RomanImperial/V-I/Aurelian/Aurelian.htm




El RESTITVTOR es el texto más claro de la moneda junto con el IMP C, pero AVRELIANVS es algo complicado, ya que la A y la V iniciales se parecen por su forma cuadrada. La parte más clara es el LIAN, lo que creo que pudo haber provocado la honesta confusión del vendedor cuando me dijo que se trataba de JuLIANus. Sin embargo, lo más interesante de este descubrimiento viene a continuación:


La reina guerrera

El emperador Aureliano, de cuyo periodo es la moneda que tengo, gobernó del año 270 al 275, considerado reunificador (RESTITVTOR ORBIS) al reconquistar el imperio galo, territorio independiente conformado por los territorios de la Galia y la Hispania,  y el imperio de Palmira, cuyos territorios incluían las provincias romanas de Aegyptus, Syria Palaestina y Arabia Petraea.

Así pues, Palmira, sublevada del imperio romano en el año 268, estaba gobernada por la reina árabe Zainib, mejor conocida como Zenobia (240/45?-273/75?), viuda del anterior regente de la ciudad, Septimio Odenato, y madre del joven heredero. Gran parte de la fama de esta figura se debe a que, según se cuenta, dirigía personalmente a su ejército, como toda una reina guerrera. Gobernó hasta el 272, año en que fue derrotada por las fuerzas de Aureliano. Algunos dicen que fue asesinada en batalla cuando trataba de huir con su hijo, luego de que la ciudad fuera sitiada; otros aseguran que fue enviada a Roma y exhibida como cautiva en un desfile de victoria, siendo su destino final incierto. La versión más optimista, sin embargo, cuenta que Aureliano, impresionado por el valor de la joven reina, le perdonó la vida, la casó con un senador romano y le otorgó una villa en donde vivió hasta el final de sus días.

Actualmente estoy leyendo Las damas de Oriente, de la periodista española Cristina Morató. El libro está conformado por las biografías de mujeres europeas que viajaron por los países árabes en los siglos XVIII, XIX y primera mitad del XX. Figuras tan destacadas como Lady Hester Stanhope (1776-1839), Jane Digby (1807-1881) y Gertrude Bell (1868-1926), cuya vida, por cierto, acaba de ser hollywoodizada en la película Queen of the Desert. Es interesante que más de una de ellas expresa en algún momento, ya sea en memorias o cartas, su profunda admiración por la figura histórica de Zenobia, aquella mujer que, aunque brevemente, gobernó un territorio muy extenso y tuvo a su mando un ejército.

Cristina Morató tiene otro libro, Cautiva en Arabia, que es la biografía de Marga D'Andurain, una viajera francesa bastante excéntrica de principios del siglo XX, de cuya vida se sabía realmente poco antes de que este trabajo viera la luz. Marga sentía también una pronunciada devoción por la reina guerrera, tomándola prácticamente como su figura a seguir. En 1927 fundó un hotel en Palmira, al que daría el nombre de Hotel Zenobia. Cabe destacar también que cuando decidió que quería ser la primera mujer occidental en pisar la Meca, se convirtió al islam (por meros fines prácticos) y tomó el nombre de Zeinab. No logró entrar a la Meca, pero vivió una buena cantidad de aventuras a partir de su intento fallido.


La destrucción de la memoria

En agosto y octubre de este año la mítica Palmira, que fue paso obligado de la mayoría de estas aventureras, fue mutilada irreversiblemente por los hijos de puta del Estado Islámico. El templo de Baalshamin y el Arco del Triunfo fueron destruidos, y así también una parte de la civilización. Sólo quedan las narraciones de viejas batallas, reinas guerreras, emperadores reunificadores y otras mujeres que no supieron quedarse quietas. Y la esperanza de que la destrucción de las obras que nos dignifican como especie no se convierta en lengua franca aquí en el Medio Oriente.


viernes, 4 de septiembre de 2015

¡Feliz cumpleaños, punto-sin-retorno!

El 2 de septiembre de 2012 le dije adiós a México, sin saber exactamente qué me esperaba del otro lado del mundo, y sin estar completamente segura de que lo que estaba haciendo era lo correcto, o lo mejor para mí y mis seres queridos. El Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México fue testigo de los últimos momentos de una vida, que a partir de que abordé el avión se transformó en otra. Fue el punto sin retorno al que muchas veces he vuelto a asomarme en la memoria para entender por qué tomé las decisiones que tomé, y si hubiera sido mejor tomarlas de manera diferente. Quiero decir: no me arrepiento del destino final de mi aventura; ni siquiera me arrepiento de los pequeños procesos que la iniciaron. Vamos, que honestamente no me arrepiento de nada. Tal vez arrepentimiento no es el término que estoy buscando. ¿Sería más adecuado hablar de qué pequeños cambios le haría al guión de mi historia para que fuera más funcional, con menos dramas en el camino, menos tropiezos innecesarios y sin corazones rotos? 

Pero Israel ha sido, sin lugar a dudas, el capítulo más feliz de mi historia. Y si todas las metidas de pata que tuvieron lugar fueron, de hecho, necesarias para que yo terminara de aquí, creo que todo ha valido la pena. 

Es un país complicado de una manera diferente a México; con sus propios códigos, maneras, rutinas, sabores y tendencias. Hay gente buena y mala; hay lugares hermosísimos, y otros para llorar. Todo esto como en cualquier otro lado, pero al ser un país tan pequeño, parece que todo se magnifica en porcentajes: el amor, y el odio; lo bello y lo desdeñable.

En la madrugada del 4 de septiembre de 2012 (hora Israel) llegué a mi destino... literalmente. "El primer día del resto de mi vida", frase trillada que le va más que perfecto a lo que sentí cuando, justo antes de aterrizar, vi una Tel Aviv de joyas de luz titilando en la oscuridad. Lo demás es historia: una llena de mucho amor, de muchas lágrimas, de mucho aprendizaje, de todas las personas maravillosas a las que he conocido de este lado, y de las que, pese a la distancia, siguen estando conmigo cada día. Y aún quedan tantas, pero tantas páginas en blanco.

¡Feliz cumpleaños, punto-sin-retorno! ¡Gracias por la bofetada de realidad que me ha sentado tan bien hasta la fecha!

sábado, 1 de agosto de 2015

Jerusalem faces

Esta vez se me hizo tarde para publicar la entrada de julio, con todo y que en varias ocasiones abrí y modifiqué un borrador. Supongo que, en realidad, a nadie le afecta del todo, porque tengo relativamente pocos lectores, y esto es algo que hago por gusto, no por obligación... aunque honestamente me siento comprometida a hacerlo, porque es compromiso lo que precisamente le ha faltado a mi vida. Fue justo cuando me comprometí a cuidar más mi cuerpo, que empecé a ver resultados de verdad. Y supongo que será hasta que me comprometa a escribir "de verdad" cuando empiece a... ¿a qué? No lo sé. Desde un principio la finalidad de este blog no fue la calidad literaria, sino el compartir un poco de todo lo que vivo y veo, aunque fuera de manera muy sintética. Y de cierto modo lo he hecho. Prueba de ello es que, la entrada más útil que este espacio ha producido jamás (Sobre la visa B1 en Israel), atrae tráfico constante y me ha llevado a conocer a un montón de personas interesantes que están en situaciones similares a la mía: ya sea porque quieren venir a vivir al país, por interés cultural o religioso, o porque tienen pareja israelí.

Como sea... tengo algunas anécdotas que me gustaría compartir antes de que se me pierdan para siempre. Cada mes aquí es particular, y aunque parezca que vivo sumergida en una rutina muy plana, nunca es así en realidad. Los detalles del mundo que me rodea de pronto resaltan como remarcados en pintura fosforescente. Y gracias a una buena inversión en equipo móvil, siempre tengo a la mano la útil camarita de mi teléfono celular, que me deja tomar fotos a una velocidad que mis otras cámaras envidiarían. Empecé a tomarle fotos a la gente en la calle, sin motivo particular, sólo porque me gusta verlos e imaginar sus historias. No les pido permiso, porque me temo que aunque me lo dieran, el saber que van a ser fotografiados iba a arruinar el  resultado final. Todos tienen historias que contar en este crisol de gentes, religiones y culturas que se llama Jerusalén.


19.07.2015

Iba rumbo al gimnasio, después de limpiar una casa en la calle General Pierre Koenig. Un señor ya grande iba sentado frente a mí, y de inmediato me hizo un comentario que no entendí. Verán: uso una estrella de David al cuello, no por motivos religiosos, sino como una especie de símbolo del apego emocional que tengo con esta tierra. No sé si me preguntó si era judía, o algo relacionado con el ejército, pero hablaba muy bajito, y honestamente no me atreví a decirle que no le entendía. Siguió hablando, contándome historias, como si yo fuera alguien a quien conociera desde hace mucho. Después empezó a conversar con el hombre que iba sentado al lado suyo, pero no mucho después, decidió que quería seguir conversando conmigo. Me preguntó que sabía dónde estaba ______ (cierto lugar), le dije que no, y lanzó una exclamación como de "¡¿Cómo?! ¿Pues qué no les enseñan geografía en las escuelas?!". Le dije que no soy israelí, y me preguntó que de dónde era. Le dije que de México, y tuve repetirlo varias veces porque no parecía entenderme. Al final lo logró, y me dijo: -Entonces hablas español. Yo también hablo español... bueno, no, ladino." Le dije un par de cosas en español, y no me entendió. Volvió a hablarme en hebreo. Me contó que fue soldado, mencionó algo de los nazis, y de cómo llegó a Israel. Mi parada estaba cada vez más cerca. Le pregunté su nombre. Me dijo que se llama Abraham. Le dije que ya me iba a bajar, pero que había sido un gusto platicar con él. Me levanté, y la última vez que lo vi, su mirada ya se había desviado de mí, como si yo nunca hubiera estado ahí. Mientras hablábamos le tomé varias fotografías. Ojalá lo hubiera conocido en otro lugar, en donde de verdad hubiera podido sentarme con tranquilidad, pedirle que me hablara despacio para entenderle bien, y entonces escuchar, y escuchar, nada más.

He tomado después de eso otras fotos, que no llevaron conversación incluida, pero que me dejaron muy contenta. Las caras de Jerusalén que, como este señor, también me cuentan historias aunque no me hablen.

Una foto publicada por Ducel Ariane (@ducelariane) el

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martes, 30 de junio de 2015

Lugares sin retorno

Es increíble la cantidad de cosas que se descubren anotando las victorias cotidianas durante un mes completo. Aún me faltan un par de días para llegar a esa meta; sin embargo me he encontrado con muchas novedades al mirarme al espejo y reconocerme de una manera diferente. Me he percatado de que soy buena para organizar mi entorno; para proponerme pequeños retos y lograr que no se tornen aburridos; para experimentar y disfrutar incluso de los resultados más inesperados.

Por ahí dicen que somos lo que comemos. Y desde que como mejor todo me ha cambiado: desde el ánimo hasta la piel. Me siento como si fuera alguien más, alguien que me cae mejor. Y yo diría que la la metáfora, la de la comida, no se queda ahí. También somos aquello de los que nos alimentamos en lo cotidiano. Es complicado no empaparse un poco del medio, de la gente, de sus modos, sus costumbres, y hasta sus ademanes; de sus ideologías, problemáticas e intereses.

Por ejemplo, el otro día estaba esperando el bus y un tipo, gordo y feo, se me quedaba viendo insistentemente. De esas miradas que sigues sintiendo encima aún cuando tratas de ver para otro lado. Cuando me harté, elevé la voz y le dije:

!?מה
!?למה אתה מסתכל עליי
???יש בעיה

Ante semejante sonoro enfrentamiento desvió la mirada y negó con la cabeza, diciendo por lo bajo "no... no". No volvió a mirarme. Puto.
Pero bueno, semejante carácter ya lo traía desde México, nada más que ahora he logrado traducirlo al hebreo y reaccionar no con violencia a la mexicana, sino más a la israelí, aunque de israelí yo no tenga nada.

A casi tres años de haber llegado a Israel, me siento muy bien aquí. Todavía tengo ataques de nostalgia, pero vamos... ¿quién no los tendrá? Vale más mencionar que aspectos agradables de mi persona que ni siquiera conocía salieron a flote y me he re-conocido capaz de comprometerme con las cosas que me hacen feliz. Me parece que se me haría más complicado regresar al lugar en el que estaba antes. No hablo de México. Hablo de la inconformidad constante. Aún no sé bien para donde voy, para ser honesta. Pero llegué al punto sin retorno; si diera media vuelta ahora mismo creo que me moriría de sed.

Ya ha pasado un año desde que empecé a correr. Y ahora de verdad corro. Hace unos días hice 10 kilómetros continuos por primera vez. He perdido el gusto por el alcohol, por la comida que llena pero no alimenta, y hasta por la ropa que no tiene una función. Sí, ahora le doy prioridad a la ropa deportiva, que me sirve para correr/caminar/ejercitarme en el gimnasio y seguir cómoda y de paso verme bien. Y lo más importante de todo: poco a poco voy dejando el pasado, pues... pasar. 


domingo, 31 de mayo de 2015

Run End (O cuatro mini entradas de mayo sobre ir viviendo una vida expatriada más saludable)

25.05.2015

Cada que hago caminadora, aprendo algo más sobre la naturaleza
al mirar NatGeo Wild, y de paso practico el hebreo con los subtítulos ;-)
Hace más o menos un año empecé a vivir un estilo de vida algo más activo. Gracias a una aplicación que se me hizo interesante, llamada Zombies, Run! comencé a correr (o, al menos al principio, a medio-caminar-medio-trotar-medio-jadear), y poco a poco fui mejorando mi condición física. Al principio no era tan constante, pero empecé a disfrutarlo, y entonces incorporé más y más sesiones a mi rutina. Aunque nunca he sido gorda, siempre tuve esos rollitos incómodos que se saltan con los jeans apretados, o que hacen que la ropa ajustada no se vea... bueno, tan bien como en los maniquíes. Después de agarrarle el gusto a salir a correr, me di cuenta de que los números en la báscula no cambiaban. Obviamente fue hasta que descubrí que para perder peso (o mejor dicho, volumen) también hace falta hacer cambios en la manera en la que se come. 

No recuerdo cuando exactamente, pero en la tienda de aplicaciones de Android descubrí una maravilla llamada Noom Coach. Esta app sirve para contar calorías, pasos (podómetro) y para, por medio de la lectura diaria de mini-artículos, ir aprendiendo más y más sobre nutrición. Tuve la versión gratuita durante algún tiempo. Inicialmente perdí algo de peso, pero volví a ganarlo con creces en los dos meses que pasé en México. Sí... la comida mexicana no tiene comparación, y eso fue obvio en mi manera de comer. Sin embargo, cuando volví a Israel, y estando ya bastante cerca de mi cumpleaños 26, decidí que debía comprometerme un poco más. Pagué la versión pro de la app, que desbloquea todos los artículos, y registros, además de dar acceso a grupos de soporte entre personas que están buscando mejorar su físico, y la posibilidad de contactar asesores directamente si se tienen dudas sobre el programa que uno debe seguir. También me uní a un gimnasio local aquí en Jerusalén, llamado City Gym. Es la primera vez en mi vida que voy a uno, y al principio me sentía un tanto torpe e insegura, y después de tener dudas sobre si continuar o no, luego de mis primeros dos meses, logré decidirme, cosa que para alguien que ha sufrido de derrotismo agudo gran parte de su vida, fue una victoria inenarrable. Poco a poco, de los 65 kilos que pesaba, los números se fueron derritiendo, y ahora mismo que escribo estoy en 54.

Vamos, que no tengo intenciones de sonar a libro de superación personal, pero me atrevo a contar brevemente esta historia, porque en una mezcla inexplicable de amor por la vida y temor a la muerte, encontré un punto intermedio al que asirme. Tengo TOC. Creo que esta es la primera vez que lo menciono en este blog, y durante toda mi vida he tenido obsesiones enfermizas y a veces hasta aterradoras que no me han dejado ser feliz del todo. Ya estando acá, y después de aprender cómo lidiar con todas esas sensaciones, todavía tuve episodios devastadores. Durante un año fui a ver a una psicóloga que me ayudó mucho, y volví a la fluoxetina en una dosis mayor a la que tomaba en México. Esa dosis, felizmente, se va reduciendo al fin. Bueno... una vez le describí mi TOC a la psicóloga como si se tratara de un ser que a veces tiene forma de monstruo, horrendo, informe, que me chupa la vida, y todo rastro de felicidad, y a veces tiene forma de gatito regalón, de esos que difícilmente no lo hacen sonreír a uno. Un monstruo del que nunca me voy a librar, pero con el que he aprendido, finalmente, a convivir. Y cuando logramos convivir, es precisamente cuando se transforma en ese gatito; uno que ronrronea en mi regazo; en una fuerza que me alienta. Puedo obsesionarme con ideas felices, y con cambios que valen la pena.

Supongo que absorbemos un poco del lugar en el que echamos raíces, y siento que la mayor parte de las cosas que yo he tomado de esta tierra me han ayudado a mejorar.



29. 05.2015

Después de varios días de calor agobiante hoy hace un lindo tiempo otra vez. Ahora mismo 20 grados. En momentos como este me alegro de no vivir en Tel Aviv, o en cualquiera de las zonas costeras, con su clima de sauna. Este ha sido un mes muy activo, y muy feliz. El ejercicio me ha ayudado a mejorar no sólo la salud física sino la espiritual. Me siento más contenta, más relajada, y no me cuesta tanto trabajo centrarme en el ahora, cosa que nunca antes pude hacer. Vamos, que no es que haya encontrado la iluminación ni nada de eso; sólo he aprendido a ser feliz con lo que tengo.

Creo que no he mencionado que dejé las clases de hebreo. Ya no sentía que estuviera progresando en la clase, y decidí que ahora la única forma de hacerlo es usar el idioma hasta que me salga natural. Fuera de eso, creo que estoy en el camino correcto.

Para reponer los días que no voy al gimnasio, trato de tomar caminatas largas por la ciudad. Tranquilas, sin prisas. Contemplativas. A veces fotográficas. Creo que hoy voy a hacerlo, aprovechando que no hace calor. Tengo ganas de tomar fotos.
Nunca jamás me cansaré de ella
30.05.2015

Ir a la ciudad vieja siempre me despeja la mente. Me queda como a 5 kilómetros de la casa, así que las caminatas de ida y vuelta son de, cuando menos, 10 kilómetros. Ojalá que todos los días fueran como hoy (y ayer): cálidos y frescos a la vez. Tengo intenciones de salir a caminar de nuevo. Sin prisas. Sin reflexiones profundas. Así se fue este mes. En una alegre tranquilidad. :-)


31.05.2015

Hoy en la mañana fui a ayudar a los Waxman con su casa. Ellos son un matrimonio inglés, ambos ya pasados de los 70 años. El señor tiene alguna clase de condición senil, o Alzheimer quizás, pero nunca le he preguntado a la esposa. Quiero decir, ella sabe que yo sé, y así, sabiendo, jamás ha salido el tema a colación en nuestras muchas pláticas. Usualmente tomo el bus a su casa, pero hoy decidí hacer algo de ejercicio extra, y me fui caminando. Son 3 kilómetros exactos. Cuando terminé de ayudarles, me fui al gimnasio, otra vez a pie. En el camino hice una parada al súper, y compré varias cosas, incluyendo crema de cacahuate. Leí, en alguna de mis muchas inmersiones en Google, que la crema de cacahuate es muy buena como parte de una botana saludable después de trabajar los músculos. Me pasó, pues, ahí en el súper, que no me alcanzó para todo lo que había agarrado, y tuve que pedirle a la cajera que cancelara algunas cosas. Así vivir la edad adulta en un país en donde, si se compara con México, todo es caro. Tuve mis dudas sobre si ir al gimnasio o no de lo pesada que quedó mi mochila al final de las compras, pero me dije a mí misma que los pretextos son para huevones y mediocres, y seguí caminando hasta que llegué a mi destino. Y el gimnasio, como siempre, me hizo sentir muy bien (no regrets). Al volver a casa (esta vez sí, en bus) lo primero que hice fue prepararme una rebanada de pan integral con una cucharada de la crema de cacahuate, y un plátano cortado en rodajas encima. Me supo a gloria. ¡Tenía años que nada me sabía tan rico!

Este mes fue simple. Hoy decidí que, en mi diario personal, voy a anotar las pequeñas victorias de cada día, aunque parezcan poco. Las de hoy, por ejemplo: Caminar extra, y disfrutar extra algo tan simple como un pedazo de pan embarrado de crema de cacahuate y plátano. Son casi las 5:00 p.m.

El cardio de hoy